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10 años han pasado desde que se entregaron por última vez los Premios de Periodismo Mario Ceballos Araújo. La Universidad Autónoma del Caribe, en el proceso de recuperar los espacios icónicos de reconocimiento en la región Caribe, lanza la décima edición de los galardones que buscan la excelencia en el periodismo y en la comunicación organizacional de la Costa Atlántica colombiana.

 

La recepción de los trabajos comienza este viernes 19 de marzo y se extenderá a hasta el 31 de mayo, a las 11:59:59 de la noche. La inscripción se podrá diligenciar en el micrositio http://premiomarioceballos.uac.edu.co/. Los interesados en postularse encontrarán ahí también conocer los requisitos y podrán cargar las evidencias de los trabajos con los que van a participar.

 

En 9 versiones la Universidad Autónoma del Caribe ha respaldado la independencia del periodismo y ha ofrecido estímulos para los trabajos y periodistas más destacados de la región Caribe, en la búsqueda por premiar la excelencia en la práctica del oficio y distinguir a los comunicadores sobresalientes.

 

Serán premiados los mejores trabajos en las siguientes categorías: prensa, radio, televisión, reportería gráfica, comunicación organizacional e investigación realizada por estudiantes, realizados en la Región Caribe. Adicionalmente se entregará el Premio Vida y Obra, a un periodista de reconocida trayectoria por su contribución a esta profesión en la región.

 

Dentro de las bases del concurso están que "podrán participar todos los comunicadores sociales y/o periodistas que ejerzan su oficio en medios de prensa, radio y televisión, reportería gráfica, Comunicación Organizacional y estudiantes de las universidades de la Región Caribe. El premio solo se otorga si el ganador está presente", entre otras.

 

La premiación se realizará el próximo 4 de agosto en el Teatro Mario Ceballos Araújo y los ganadores serán escogidos por jurados reconocidos con experiencia nacional e internacional.

 

Este premio fue constituido para exaltar la memoria de quien fuera uno de los principales pioneros del periodismo de la Costa Caribe, el fundador de la primera Facultad de Comunicación Social – Periodismo de la Costa Norte colombiana y el creador de la segunda emisora cultural de frecuencia modulada en nuestro país, al igual que el primer canal educativo y cultural de televisión en la región Caribe, y primer programador del Canal Regional Telecaribe.

 

Para preguntas y contacto se han habilitado el correo y el Twitter @PremiosMCA, donde pueden comunicarse con nosotros en lo referente al premio.

 

La Universidad Autónoma del Caribe sigue trabajando por generar espacios de reconocimiento para los profesionales, en los que se exalten la ética, la excelencia, la calidad y el compromiso de quienes día a día se esfuerzan por mejorar la sociedad.

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Se llenarán los titulares con su nombre, haciendo pública su hazaña, afrontando la condición de periodista al comprometerse con la causa y denunciar lo que a su criterio se ha ignorado, la estudiante que contó la historia y sacrificio de los huérfanos de las vías, los conductores que transitan grandes jornadas en las carreteras de nuestro país llevando alimentos y otros productos de primera necesidad y que se han visto afectados por la emergencia sanitaria sufriendo sus consecuencias de primera mano.

 

Desglosar esta problemática fue el trabajo de Andrea Pallares, barranquillera de veintidós años, estudiante de octavo semestre de Comunicación Social y periodismo de la Universidad Autónoma del Caribe, hoy galardonada por los premios Simón Bolívar por la categoría de estímulos al periodismo joven con su reportaje radial ‘La orfandad de los héroes en la vía’. Andrea Pallares es reconocida por averiguar en qué condiciones estaban trabajando estas personas, expuestas a la emergencia, cargados de miedo ante el contagio, sin protección adecuada ni seguros médicos.

 

Andrea, soñadora desde niña y viviendo sus sueños desde su juventud, que no se cansa de aprender y vive sedienta de adquirir más conocimientos.

 

Fascinada por los hechos reales, su gusto por la literatura excluye la ficción, pues considera que la verdad así cómo su práctica en el periodismo son las mejores maneras de contar las historias, su escritora favorita da cuenta de ello, pues Andrea admira a Oriana Fallaci por la manera en que demuestra cómo ser fiel a sus investigadores y narrativa contando la esencia de las cosas en su máxima expresión de verdad.

 

La historia de su trayectoria profesional inició estudiando la carrera equivocada dada su vocación, después de la escuela estudió lenguas extranjeras, la llamada equivocación fue descubierta por sus padres, quienes la encararon y le preguntaron directamente ¿estás segura de no querer estudiar comunicación?, Andrea colocando en su mente la balanza de los semestres iniciados en Lenguas extranjeras y el incipiente deseo de escribir respondió a sus padres "estoy segura, quiero estudiar comunicación", luego de esa respuesta inició los trámites para estudiar lo que su corazón y sus padres descubrieron en su carácter.

 

La mejor decisión.

Cada acción y cada logro que ha ido acompañado de su nombre le demuestran que no está en el lugar equivocado, que mejor no pudo haber decidido en su vida, pues iniciando su semestre fue asistente no más que del dos veces ganador del premio Simón Bolívar, Jaime De La Hoz, posteriormente trabajó en Pluma Caribe, fue jefa de redacción del proyecto universitario 'El Comunicador', de nuestra Uniautónoma y actualmente está próxima a cumplir dos años en Caracol Radio Barranquilla.

 

En este último escenario, Caracol Radio, Andrea se retó a sí misma a abordar la vida de los transportadores de carga en cuarentena, fue un trabajo que hizo sola, teniendo cubrimiento en las principales ciudades del país, Bogotá, Cartagena, Cali, Bucaramanga, Medellín, Barranquilla, tratando en lo posible de conseguir los mayores puntos posibles ante esta problemática, un desafío que se tradujo a más de un mes de datos recolectados.

 

"Yo no planee que fuera una obra ganadora, yo solo quería hacer un buen trabajo, contar su realidad y lo que estaba sufriendo el gremio, el cómo estaban sobre esforzando y cómo los otros medios de comunicación habían ignorado lo que estaba pasando", relató Andrea sobre su obra.

 

Está realidad omitida por los medios catapultó a Andrea Pallares a ser galardonada, el jurado aplaudió cómo se hizo el tratamiento de la historia y cómo las muchas denuncias fueron el plato fuerte para toda la historia.

 

"En todo el tiempo que me he inclinado al periodismo he tratado de dar lo mejor de mí, cuando uno hace las cosas bien con toda la motivación y disciplina los caminos se abren solo, cosecha todo el esfuerzo que ha invertido en sus trabajos y eso es lo que me he enfocado por hacer".

 

Orgullosa por lograr el premio máximo que en Colombia se le otorga a los periodistas a su edad, siendo estudiante de veintidós años la envuelve de una importante satisfacción, pese a eso, son muchos los planes que tiene para el futuro y seguir enfocándose en el periodismo de investigación, y por qué no, seguir llenando de premios su hoja de vida. DHS

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A los 60 años, ‘el gran Walter’, dijo adiós para siempre.

Por Anuar Saad

 

Corría el año de 1985. Iba a cursar octavo semestre de Comunicación Social – Periodismo en la Universidad Autónoma del Caribe y, a sabiendas que me faltaba poco tiempo para ser egresado, ya sentía nostalgia de la Universidad.

Arrancamos ese semestre con un cambio que llamó la atención a muchos: en nuestra asignatura de Taller de Radio no estaba, como era habitual, la figura descomplicada de Carlos Ramos Maldonado, sino la de otro profesor que parecía su antítesis: perfectamente peinado; vestido con camisas de holán de hilo y pantalones de lino; zapatos milimétricamente lustrados; de andar pausado y con una voz que podía encantar hasta a una serpiente.

 

Se presentó como quien presenta una gala en el mejor teatro del mundo, sosteniendo sus gafas grandes y cuadradas que me evocaron no sé por qué a Héctor Lavoe:

-Mucho gusto: mi nombre es Walter Bernett- dijo. –Seré su nuevo profesor de Radio- remató.

Para ese entonces Walter era, además, el flamante Director de RCU, Radio Cultural Uniautónoma, y una de las más cotizadas voces no solo de Barranquilla, sino de todo el caribe colombiano. Fue un aventajado estudiante que, en poco tiempo, no solo ejercía la docencia y la dirección de la emisora sino que, años después, se movía como pez en el agua en el mundo de las grandes casas discográficas donde tuvo una relevancia internacional.

 

Pero no era su voz única –esa misma a la que emisoras, empresas y mujeres perseguían—ni su polivalencia en distintos roles (académico, periodismo y promotor musical) la que hizo a Walter Bernett Iguarán uno de los seres más especiales que haya conocido en la vida. No fue por su especial y cálida manera con que enseñaba; ni esa relación profesor–estudiante que parecía extraída de una película; ni su oído único para saber que nueva estrella tendría futuro o su talento como director de emisoras, lo que lo volvió inmortal. La verdadera causa por la que el twitter repicara a millón, colapsara el Facebook y se multiplicaran las cadenas de oración en torno a su nombre en el momento trágico en que cayó enfermo, es simplemente él: lo que encerraba el alma de un hombre noble y bueno, amigo de sus amigos; entregado a sus estudiantes y dueño de un estilo, gusto y clase exquisitos.

 

Con él se podía hablar por horas mientras degustábamos una copa de vino con los mejores quesos sobre lo humano y lo divino. Aunque no era de muchas palabras, sus sentencias emitidas con la resonancia icónica de su voz, por lo general eran acertadas y contundentes. Jamás le perdió la pista a uno de sus egresados. Sabía dónde estaban y qué hacían sus estudiantes más avezados y se henchía de orgullo por ellos.

 

Durante más de una semana los pasillos, oficinas y salones del Programa de Comunicación Social – Periodismo de la Universidad Autónoma del Caribe carecieron de su alegría habitual. Es por eso que, entre un tinto y otro, la pregunta en la boca de todos era “… ¿cómo sigue Walter?”.

Las llamadas nocturnas del Rector Ramsés Vargas ya no eran para dar una nueva directriz, sino para saber cómo evolucionaba su amigo de años, el gran Walter Bernett, que hoy ha dejado entre nosotros un vacío insondable.
Los pasillos de la Facultad extrañan por siempre su exquisito perfume. Los micrófonos están “apagados” de nostalgia por no tener esa voz que recorra sus circuitos.

 

Los estudiantes a los que tuvo la fortuna de tocar con su sabiduría, llevarán por siempre su marca indeleble. Y nosotros, ese pequeño grupo que tuvo la suerte de ser su alumno, colega y compañero de trabajo, trataremos de no recordar estos últimos días tristes, sino los más de treinta años de nuestras vidas en los que gozamos de su amistad y cariño.

Muy de seguro hoy, allá en el cielo, en frente del Gran Padre, estará diciendo con esa cara de niño bueno que siempre tuvo y con ese donaire que solo los verdaderos caballeros pueden llegar a tener:

-Padre, mucho gusto: mi nombre es Walter Bernett…

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