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Cambios, transformación e innovación de la práctica de los docentes Uniautónoma en tiempos de COVID-19

Miércoles, 28 Abril 2021 10:47
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Es un hecho que la educación virtual ha adquirido mayor importancia y es casi que vital para promover el desarrollo del aprendizaje. Esto, tras la necesidad y urgencia que ha traído consigo la crisis sanitaria a nivel mundial, la cual hizo que los gobiernos cerraran las puertas de las instituciones educativas como medida para mitigar los efectos de la pandemia por COVID-19.

 

Dicha situación, ha llevado a que los sistemas educativos se enfrenten a una nueva realidad para la entrega efectiva y de calidad de los conocimientos, en donde por supuesto, el papel de los docentes se ha transformado en conjunto con la virtualidad. Por esto, es de suma importancia conocer cómo se han adaptado algunos profesores de la Universidad Autónoma del Caribe a los desafíos de la educación remota.

 

Cabe mencionar, que, a raíz de la pandemia, cada docente ha tenido que hacer sus clases dinámicas y creativas para mantener a los estudiantes enfocados y lograr captar su atención, debido a que la educación presencial y la educación en línea se pueden distinguir, ya sea por las metodologías, los recursos didácticos que emplean o por la relación humana que se establece en estos espacios.

 

Desde la Facultad de Ciencias Administrativas, Económicas y Contables, el Ingeniero Industrial y docente de Uniautónoma, William Suárez, nos habló un poco acerca de lo que ha sido para él llevar a cabo los eventos de enseñanza y aprendizaje desde otro escenario educativo fuera de las aulas.

 

“La experiencia ha sido significativa, el cambio ha sido en algún momento forzado y doloroso porque nosotros dependemos mucho también del contacto con el estudiante y hay un cariño que se puede perder, ya que solo construimos desde lo digital. Entonces, el cambio para mí ha sido bastante emocional, no tan técnico porque me ha servido la virtualidad, pero el estar con los estudiantes y poder compartir es algo que se extraña bastante”, indicó Suárez.

 

Así mismo, el docente señaló que no se le complicó el tema de la virtualidad, puesto que ya venía trabajando en ello. Sin embargo, considera que para algunos compañeros fue un poco más complicado. Para que sus estudiantes estén comprometidos con sus clases, Suárez mencionó que establecen tableros digitales en donde el estudiante plantea sus ideas relacionadas con innovación y emprendimiento. “Todo el mundo colabora y aporta. Ha crecido mucho la actividad colaborativa en los grupos y eso beneficia sin duda alguna el proceso de enseñanza”, dijo.

 

Por otro lado, afirmó que la parte más difícil ha sido el poder organizar el tiempo entre la enseñanza, el compromiso con los estudiantes y sus actividades en casa. “A pesar de ser lo más complicado, ha sido una experiencia agradable porque hemos encontrado ese punto de equilibrio entre las tareas de la docencia, la investigación y proyectos especiales. El teletrabajo se ha convertido en una forma de probar nuestro tiempo y sobre todo de aprovecharlo para que rinda más”, explicó.

 

Igualmente, el ingeniero enfatizó en que el docente debe usar un buen discurso alrededor de un tema, que sepa llegarles a los jóvenes con palabras que no sean tan técnicas, sino más bien usar contextos. Añadió también que el desarrollo de metodologías y la cooperación entre grupos permite que exista un trabajo por fuera permitiendo que puedan relacionarse y crear competencias.

 

“Lo que más extraño son los estudiantes y los profesores. En las clases presenciales, sin duda alguna, el poder mirar a los ojos a los jóvenes, el poder compartir con ellos hace mucha falta. Creo que uno no puede ser profesor sin tener estudiantes e interacción con ellos, sin embargo, yo me mantengo en contacto con ellos debido a que utilizamos las herramientas digitales para sacar adelante los semilleros y las investigaciones. Extraño el pasillo lleno de estudiantes subiendo, compartiendo y haciendo sus trabajos, es ese ambiente universitario que todos extrañamos”, concluyó el docente.

 

En cuanto a la Facultad de Jurisprudencia, la directora del programa de Derecho y Ciencias Políticas, Victoria Rodríguez, explicó que en un principio frente a la declaratoria de emergencia sanitaria y las medidas de aislamiento establecidas, los docentes tuvieron que asumir la responsabilidad de transmitir a sus estudiantes contenidos y formación propia de sus cursos, a través de medios remotos. “El poco manejo de algunas de las plataformas pudo traer un choque conductual que se tradujo para ellos en un reto que asumieron con gran compromiso capacitándose en la marcha y asumiendo su rol docente de manera muy eficaz”, dijo la abogada.

 

“Adaptarse a la educación virtual ha sido una gran oportunidad para romper paradigmas de formación y educación, sobre todo en el programa de Derecho que era considerado como uno de los programas necesariamente presenciales en los que no cabía la virtualidad. Desde el trabajo remoto se han tenido que implementar métodos de relacionamiento con los estudiantes, participaciones y debates de temas en clase. Incentivar la participación en la formación es una tarea que trae un mayor esfuerzo. Además, la formación no es sólo de conocimientos, sino de valores y principios que deben ser transmitidos en el quehacer del docente y que traspasan un comportamiento en la vida cotidiana del alumno”, añadió la encargada de la facultad.

 

De esta manera, considera que lo más difícil o complicado de enseñar a través de una pantalla es mantener la atención necesaria que permita una participación activa para la formación de los estudiantes. “Mi mayor motivación al asumir el reto de tener que enseñar a través de plataformas digitales siempre va a ser llegar no sólo a la mente de nuestros jóvenes con reflexiones, análisis y aplicación del conocimiento impartido para su desarrollo profesional, sino también ayudarles a que se conviertan en mejores personas y aporten a la sociedad, a su comunidad, a su familia y a sí mismos”, afirmó la docente y magíster en Derecho.

 

Por último, pero no menos importante, Rodríguez sostuvo que “la universidad es una comunidad que siente, ríe, que comparte y llora, que lucha por alcanzar sueños. Cada rincón de la Autónoma está lleno de esos sueños de nuestros estudiantes, el relacionamiento cara a cara nos permite percibir de manera inmediata su actitud por la vida, sus expectativas y sus metas. Las clases presenciales permiten ese intercambio docente-estudiante que llena de calor humano y que es importante para la formación de seres humanos y futuros profesionales, pero la adaptación al cambio es la premisa de hoy”, aseguró.

 

Desde la Facultad de Ingeniería hablamos con el Ingeniero Electrónico Kelvin Beleño, quien nos comentó que la dinámica del docente se ha cambiado de forma radical, debido a que antes de pandemia el contacto con los estudiantes era muy directo y de primera mano se podían conocer sus necesidades. “En estos momentos, con el tema de la virtualidad tenemos la cámara y podemos ver a los jóvenes, pero solo en algunos casos por ciertos inconvenientes con las conexiones. Bajo esta condición no es tan sencillo tener un mayor acercamiento con el estudiante, no se puede ir un poco más allá de lo académico y llegar a lo personal que también es importante para saber qué necesitan”, explicó el docente.

 

“Sin embargo, esto nos ha permitido revolucionar un poco el tema de la educación. Por ejemplo, el programa de Ingeniería Mecatrónica es casi que un 100% la parte práctica y se hace casi que estrictamente necesario el estar en los laboratorios para enseñar muchas cosas, pero en ese aspecto nosotros hemos buscado respaldarnos con herramientas de simulación para acercarnos un poco más a lo que son los procesos reales desde los laboratorios. Y bueno, la verdad es un reto que estamos asumiendo como tal”, agregó.

 

Beleño indicó que anteriormente había trabajado de manera virtual en procesos investigativos, por lo que considera que no ha sido completamente difícil adaptarse a la modalidad. “Yo me acerco uno a uno a mis estudiantes para que no sea solo la entrega de un trabajo y ya, sino que trato de sentarme y conectarme con ellos para identificar las falencias y conocer las fortalezas a partir de las actividades que desarrollan”, añadió el ingeniero.

 

Además, el educador manifestó que le hace falta la interacción personal y sobre todo el espacio laboral tan agradable entre los compañeros. “El poder llegar a saludar a los otros docentes y dar un abrazo fraterno es bastante extrañable en estos momentos y también con los estudiantes el tener la oportunidad de mirarlos a los ojos y conocer todo lo que los rodea a ellos, pero bueno Dios proveerá y seguramente esto pasará pronto. Confío en que volveremos a vernos, volveremos a trabajar juntos y nos abrazaremos nuevamente”, concluyó Kelvin Beleño.

 

El docente de Mercadeo y conferencista Carlos Grande, quien está vinculado a la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Autónoma del Caribe, sostuvo que la pandemia cambió el rol de los profesores al enfrentarse a varios cambios y transformaciones casi que de un día a otro. “Yo me acuerdo que yo estaba en mi oficina y de repente nos mandaron para la casa. En ese momento eso produjo mucha angustia porque no teníamos coordenadas de lo que pasaría a futuro. De a poquito nosotros los docentes nos hemos adaptado a esta nueva estrategia de la virtualidad y gracias a Dios hemos llevado el proceso adelante y podríamos decir que cada vez estamos mejor”, explicó.

 

Según el docente, los primeros meses fueron un poco pesados, pero el trabajo en equipo fue de gran importancia. “Me sentí con un respaldo muy grande porque la Universidad se portó a la altura. Nos dio la libertad para la escogencia de las plataformas y estuvieron muy al pendiente de nosotros. Los estudiantes también tuvieron un comportamiento MUY a la altura, y nos entendían. Las clases las sacamos adelante hasta que fuimos agarrando el ritmo. Además, desde la dirección del programa recibimos el respaldo necesario, el director estuvo siempre en todo momento y los profesores nos llamábamos y nos explicábamos lo que no supiéramos. Cada uno aportaba su granito de arena”, añadió Carlos Grande.

 

También explicó que la motivación tras enfrentarse a enseñar virtualmente es la docencia, después es la vía, ya sea presencial o virtual insistió en que hay que darlo todo. “Si luego uno tiene algún errorcito en las plataformas, los chicos comprenden porque saben que uno está haciendo lo posible, brindando todo y dando el máximo para que la cosa salga bien, lo mismo que cuando era presencial. El fondo no cambió y sigue siendo el mismo: la calidad de la educación y la seriedad. Realmente esto no es para la gente que está de paso, debe gustarte lo que haces. Es para las personas que les gusta estar con los estudiantes y enseñar”, argumentó.

 

“A los chicos hay que consentirlos, tratarlos bien y apoyarlos porque les tocó una parte muy difícil de la pandemia, ellos son muy jovencitos. Lo fundamental es que los chicos se encuentren bien. Yo veo que tengo una asistencia casi perfecta en las clases, pero siempre abro con temas que los motiven. La idea no es dar una clase monótona y así porque si, sino más bien buscarle la fibra y al mismo tiempo que los estudiantes se sientan contentos, que presten atención. A veces hay un poquito de agotamiento y hay que ser flexibles con algunos cortes dentro del horario”, manifestó el docente.

 

Carlos Grande precisó que extraña el contacto físico, tomarse un café con sus compañeros, estar en la oficina con sus estudiantes, hablar con Adelita, las reuniones, el poder compartir con sus colegas y en general toda la Universidad. “Extraño bastante la parte presencial, sin embargo, eso no implica que uno no haga el trabajo en su casa a la perfección. La verdad si pudiera elegir prefiero la institución, pero bueno no se puede. Nosotros manejamos una población muy grande y ese contacto directo no se puede. Las decisiones de rectoría han sido excelentes. Resalto mucho el apoyo que tuvimos de los directivos y los estudiantes porque honestamente ha sido muy grande. Extraño muchísimo lo presencial, pero hay que someterse al cambio y ser conscientes de la situación”, ultimó el educador.

 

Desde la Facultad de Arquitectura, Arte y Diseño nos acompañó la docente del programa de Diseño de Modas, María Fernanda Coronado, quien desde su experiencia relató que al principio se vieron confusos por la situación, pero después adaptaron los métodos necesarios a implementar para poder mejorar el aprendizaje de los estudiantes. “Hemos aprendido a desenvolvernos con otras herramientas, pero quizás nos ha afectado la parte del estrés laboral y de pronto los seguimientos a los estudiantes al ser más complejo. Sin embargo, haciendo uso de la virtualidad y la tecnología se han logrado cosas interesantes y romper muchas barreras”, precisó la diseñadora.

 

“Al comienzo nos dio un poco fuerte porque estábamos acostumbrados a las clases presenciales y no hacíamos uso de algunas herramientas que ya teníamos, pero haciendo uso de ellas y aprendiendo a conocerlas se nos facilitó un poco más el trabajo. Yo doy clases muy prácticas como son los procesos textiles, entonces quizás ahí me costó reinventarme con respecto a las metodologías, de cómo podía organizar los talleres, las clases que fueran totalmente sincrónicas para que ellos pudieran ver los procesos. Como no estoy en el taller de la Universidad, me tocó organizar mi espacio, mi vivienda. De manera que pudiera tener una especie de taller y poderles mostrar a ellos toda esta parte de los procesos textiles”, agregó Coronado.

 

La docente indicó que le gusta que los estudiantes participen en la clase, ya que al hablar únicamente ella, siente que los puede aburrir o hacer que simplemente no la escuchen. Coronado enfatizó en que hace presentaciones, pero con pequeños cortes en donde los estudiantes van retroalimentando y asigna notas apreciativas para que los jóvenes estén atentos a la información que les brinda.

 

“Invito a los estudiantes a que abran sus cámaras y muestren, por ejemplo, si estamos haciendo proceso de teñido, yo aquí en mi casa en la cocina trabajando los teñidos y ellos allá con sus cámaras encendidas también haciendo sus teñidos al mismo tiempo. La idea es poder ver lo que ellos están haciendo y no dejarles el trabajo para que los hagan solos en casa, sino hacerlo de la mano todos juntos. Incluso, yo he podido aprender cosas nuevas y diferentes de los estudiantes porque hemos estado en un proceso de exploración y de experimentación. Entonces, implemento mucho lo que es el trabajo en clase y práctico”, explicó María Fernanda Coronado.

 

Igualmente, habló acerca de lo complejo que ha sido dividir su tiempo entre las obligaciones y su hogar. “Las tareas administrativas, las clases y cuidar de mi bebé fue un poco complicado al inicio de la pandemia, pero ya con el tiempo logré equilibrar las actividades y las prioridades porque las voy organizando y ya hoy en día me acuesto más temprano y el domingo me desconecto por completo y comparto con mi familia”, dijo.

 

“Amo y me apasiona mi profesión y las materias que yo imparto. Me encanta la parte de los procesos textiles y me gusta que mis estudiantes se lleven todo ese conocimiento que yo sé, para hacer de ellos mejores profesionales”, añadió.

 

Por otra parte, María Fernanda afirmó que extraña el contacto directo con los estudiantes, puesto que también está la parte emocional y no solo la parte laboral. “Tengo alumnos que no he conocido presencialmente, pero les tengo cariño y los he aprendido a conocer, tanto así que ya no tengo que ver sus nombres, sino que con la voz ya puedo reconocerlos”, finalizó la profesional de Uniautónoma.

 

La Universidad Autónoma del Caribe valora el esfuerzo, la dedicación de sus docentes y estudiantes. Por eso nuestra Casa de Estudios brinda los espacios y las herramientas necesarias para que las clases tengan un desarrollo normal dentro de la virtualidad. Extrañamos que caminen por nuestros pasillos y que compartan sonrisas, pero guardamos la esperanza de que nos volveremos a encontrar porque #CreemosEnLaEducación y en sus sueños. MMG

 

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