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El 3 de mayo es considerado el Día Mundial de la Libertad de Prensa y, precisamente, hoy, en el marco de la Feria del Libro 2019 –en Bogotá- se estableció un pacto que garantiza el derecho a la información en las próximas elecciones regionales de octubre.

 

La iniciativa -basada en un decálogo de seis puntos y firmada, a manera de anticipo, el primero de este mes- es parte es el resultado de un convenio entre la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip), la Asociación Colombiana de Medios de Información (AMI), la Fundación para el Nuevo Periodismo (FNPI) y Friedrich Ebert Stiftung.

 

Uno de los mayores propósitos de lo anterior es combatir los ‘Fake News’ y asegurar el buen manejo de las redes sociales, así como el elevar el compromiso a rechazar cualquier intento de desinformación con el fin de influenciar a los votantes antes del cierre de las mesas y, así, manipular los resultados finales.

 

Del mismo modo y, como parte de este acuerdo, quedaría prohibida la financiación, generación, uso y promoción de contenidos falsos, desde los comandos o por parte de aliados de los candidatos.

 

La mayoría de los representantes de cada uno de los partidos políticos ya firmaron el trato, pero aún no lo ha hecho una pequeña proporción de ellos, lo que no supone un impedimento para que el objetivo se dé.

 

Asuntos más delicados.

La desinformación en época electoral es un tema importante, pero hay otros que producen mayor preocupación, como la privación del ejercicio por el riesgo a ser amenazado o lastimado de alguna manera.

 

Según la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa más reciente, 2019, desarrollada por Reporteros sin Fronteras (RSF), la lista de países en los que ejercer esta profesión representa un peligro se ha venido alargando de forma considerable y alarmante. Peor aún, incluye territorios en los que no hay dictaduras absolutistas.

 

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En América, por ejemplo, de acuerdo con la información publicada en el portal de la RSF, se ha dado “un fuerte deterioro que afecta a regiones en las que antes la situación era buena”, según el texto. Estados Unidos, Brasil, Venezuela y Nicaragua son los países en los que el riesgo para los periodistas es mayor, siendo los dos últimos en los que se produce por el cubrimiento protestas debido a manejos dudosos del gobierno.

 

La situación en México no es la mejor, pues en 2018 fueron asesinados diez periodistas, por lo que también figura en esa lista ascendente.

 

En Europa, según el mismo informe, Rusia y Turquía son los mayores represores de la prensa independiente. Incluso, Turquía “es conocida como la mayor prisión del mundo” para los profesionales de este campo. De hecho, es el único país del mundo en el que se juzgó a un periodista –la reportera Pelin Ünker– por haber participado en la investigación de los Papeles del Paraíso (Paradise Papers).

 

Malta, Eslovaquia, Bulgaria, Serbia y Montenegro aparecen también en el reporte, por haberse convertido en una costumbre el agredir verbal y físicamente a los comunicadores sociales que trabajan en medios masivos. En Francia se han incrementado dichos casos, lo que ha llevado a los equipos informativos a usar chalecos amarillos y no portar los logos de los medios para los que trabajan.

 

Hungría, Polonia y Bulgaria son considerados como los perseguidores de periodistas en temas tributarios, como prebendas por favores de toda índole que vinculan grandes cantidades de dinero. Serbia, Croacia y Eslovaquia también son zonas de persecución, tal como lo es Italia, en donde son constantes los casos de acusaciones a periodistas por encubrir y participar en actos de corrupción en las grandes esferas del Estado.

 

Pero, la sorpresa del documento son Noruega, Finlandia y Holanda, todos lugares en los que la calidad de vida ha sido resaltada, pero en lo referente a la de los periodistas se ha reportado que deben vivir bajo protección policial, sobre todo los dedicados a la investigación del crimen organizado.

 

En Ásia, Afganistán, India, Pakistán, Birmania, China, Singapur, Camboya, Malasia y Maldivas son los países en los que se presentan la mayoría de casos de esta clase, mientras que en el Medio Oriente y norte de África, Siria, Yemen, Irán, Arabia Saudí, Argelia, Marruecos, Bareín son los mencionados por la misma razón.

 

En el resto de África se registró el menor deterioro al respecto, pero Etiopía, Gambia, Tanzania, Mauritania y la República Democrática del Congo son los citados por ser los centros de violencia para los informadores, siendo Somalia y Ghana lo de mayores cifras y con castigos con mayor crueldad.

 

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El lado opuesto.

Armenia, Uzbekistán, Suecia, Etiopía, Túnez y Gambia son los países en los que, según lo publicado, se ha registrado un progreso en este sentido, acompañados por Australia y Nueva Zelanda, los que no han sido señalados desde hace tiempo. En Colombia, si bien –desde hace unos años hasta hoy- no ha habido homicidios contra los periodistas, a partir de 2018, al ser asesinados tres periodistas ecuatorianos, la alarma se volvió a activar y es que crecieron las agresiones a la prensa y se registraron 477 amenazas, que no pasaron de serlo, pero se trata de una cifra importante. En 2017, fueron registradas 310 agresiones de las cuales 129 fueron amenazas.

 

Según Jorge Peñalosa, comunicador social, periodista y docente de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, “directamente, no me dijeron ‘usted tiene que guardar silencio y no publicar tal cosa porque lo pueden asesinar”, dice, pero “en los años 80 y 90, la verdad es que los periodistas nos autocensurábamos, pues era tan evidente el problema con los medios, porque mataron a muchos periodistas”, agrega el profesor de tiempo completo

 

Fidel Cano, Carlos Castillo Monterrosa y Carlos Lajud Catalán fueron solo tres de los ultimados en aquel entonces, conforme Peñalosa. Fue así que “la autocensura se convirtió en un mecanismo de defensa, pues estaba implícita la amenaza. Muchas veces estuve cerrando periódico y pasaban cosas, situaciones por las que debíamos tener mucho cuidado en qué publicar y cómo, ya que dejábamos en evidencia al medio”, recuerda.

 

“Ya habían puesto bombas en El Espectador y en La Vanguardia Liberal, mientras que El Heraldo estaba cercado, igual que El Diario del caribe. En el caso de las bombas de Barranquilla, se debió manejar la situación para quitarle el temor a la gente. En San Andrés, por el ejemplo, hubo casos de explosiones que nunca salieron a la luz pública para no acabar con la tranquilidad de la isla”, añade el también magíster en Ciencias de la Comunicación.

 

En cambio, este profesional -con más de 11 años de experiencia en periodismo y 20 de enseñanza en la educación superior- dice que sí sabe de casos de algunos colegas que han tenido que salir del país y hoy en día están en París, por ejemplo, pese a que los medios brindaban esa garantía, especialmente en la época del narco terrorismo”, indica.

 

Peñalosa señala que “la Sociedad Interamericana de Prensa nos hablaba mucho de eso, hubo muchos pronunciamientos, sobre todo los periodistas que se han ido agremiando, pero eso tampoco garantiza nada”.

 

Por lo anterior, Peñalosa considera que Colombia no es, en apariencia, un lugar peligroso para los periodistas, “porque tienes la libertad de expresión y nadie te pone un revolver explícitamente hablando, pero sí hay una coacción y es por parte de los grupos económicos”, sostiene.

 

Además, Peñalosa cree que el periodismo independiente se acabó cuando los medios fueron comprados por esos conglomerados y “no es que esté en desacuerdo con ellos, pero ya el nivel de independencia editorial es difícil de conservar, para evitar cualquier cuestionamiento”, asevera.

 

No obstante este panorama tan oscuro, Peñalosa aclara que “si Mábel Lara, periodista caleña, dijo a los estudiantes que no estudien periodismo, pues yo digo lo contrario. Ahora es cuando más deben estudiar, porque son ellos los que abrirán el debate, inmersos en la discusión. Deben buscarle salida. Ellos son los que van a salir de aquí y van para los medios y ellos pueden cambiar el estado de cosas que actualmente existen”, insiste.

 

Para este educador, no hacerlo es dejar el espacio a los grupos económicos para que contraten y manejen el periodismo como les da la gana. Y “mi propuesta sería que haya más regulaciones de ley, sobre todo en el tema de la libertad de expresión, que no se quede en letra muerta y que se pueda reglamentar el periodismo para que los grupos económicos tengan prohibiciones tan taxativas que no puedan controlar el medio editorialmente ni su contenido, que no tenga injerencia directa sobre los propósitos editoriales”, encima.

 

Peñalosa sugiere, además, que los periodistas deben ser vistos de otra manera, “que cuenten con mayores mecanismos de defensa frente al Estado y niveles salariales proporcionales a su responsabilidad. Que el Estado los mire como parte de la sociedad y que sean intervenidos como un servicio del Estado, tal como lo hacen con la salud, la educación y el transporte”.

 

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Otra opinión.

Por otro lado, el también periodista y docente del Programa de Comunicación Social y Periodismo, Anuar Saad, dice que tuve amigos que estuvieron amenazados y que tuvieron que irse en calidad de refugiados por tal motivo.

 

La explicación para Saad de lo anterior es que “determinada nota que se considere de interés no salga publicada, porque afecta a personajes del medio o al dueño, o porque afecta un familiar cercano, porque va en contra de los intereses políticos de esa familia. Es por eso que, antes de protestar por la Libertad de Prensa, debemos mirar hacia afuera y adentro, ser reflexivos y ponernos la mano en el corazón, para preguntarnos si estamos -dentro del medio- guardando lo que tanto estamos promulgando”, manifiesta.

 

Saad considera que Colombia sí es un país que merece estar en la lista de los más peligrosos para los periodistas. “Yo le digo a mis estudiantes que los cementerios están llenos de héroes y entre ellos hay muchos periodistas, La búsqueda de la verdad termina donde empieza el peligro a la integridad. Colombia no es un país para hacernos los valientes” asegura el profesor de tiempo completo, quien también ha sido jefe de redacción de El Heraldo.

 

De hecho, Saad informa que “las unidades investigativas que se formaron en 1975, en El Tiempo y en el 77, la de El Espectador, desaparecieron porque los periodistas integrantes de ellas -Gerardo Reyes y Daniel Samper Pizano- se tuvieron que ir del país porque los amenazaron. El director del Diario La Opinión, de Cúcuta, fue asesinado hace dos años, así como lo fue Guillermo cano y Jaime Garzón y así hay centenares”, dice.

 

Para Saad, la solución es estar conscientes de que “este es un país en el que no nos gusta la diversidad de opinión y cada quien cree que tiene la razón. Se debe hacer un periodismo bien hecho, sin ánimo de controvertir, sino solo de informar, y con el que todos nos identifiquemos”, termina el también magíster en Educación. JSN

Publicado en Noticias Generales

El mundo cada vez es más cambiante. La acelerada evolución tecnológica ha permeado las profesiones obligándolas a adaptarse a las nuevas condiciones. Y una de esas profesiones que sin duda ha sentido más los vientos huracanados de los avances tecnológicos es la comunicación y el periodismo. Las nuevas generaciones parecen tener una desconexión con lo análogo y tradicional. Viven sumidos de manera frenética en un mundo digital que los seduce, los absorbe y en el cual interactúan, se comunican, se informan, se educan y escriben.

 

Esto presenta un panorama de nuevos consumidores. Jóvenes que no disfrutan de leer un periódico físico y que denotan poquísimo interés por la televisión y la radio tal cual la conocemos: prefieren la navegación en la que escogen sus series y películas favoritas y saltan aleatoriamente buscando noticias de su interés en cualquier parte del mundo: la aldea global, hoy más que nunca, es una realidad gracias a Internet.

 

Así mismo, el ejercicio del periodismo también está cambiando. Los periódicos tradicionales han mutado a “metamedios”, esos que, aparte de su tradicional presentación que vocean en las calles, poseen portales donde confluyen diversas piezas periodísticas en distintos lenguajes audiovisuales: un esfuerzo por seguir existiendo y atrapar la atención de nuevos lectores.

 

Sin embargo, las exigencias éticas y las que certifican la calidad de los productos periodísticos deben ser aún más fuertes. Porque si bien hoy es más fácil llegar a las fuentes por la maravilla de la nueva comunicación digital y sus redes sociales, también la prensa puede volverse más susceptible a ser engañada. No es gratis que lo que llamamos ahora como “fake news” sea un mal de todos los tiempos, pero por las mismas características mediáticas de hoy, esas noticias falsas se difunden a la misma velocidad y proporción de las verdaderas.

 

Esos mismos medios –todos sin excepción—sufrieron en carne propia lo que se puede llamar “un asalto a la buena fe”. El sonado “caso Tarantino” ya suficientemente conocido en la ciudad, el país y el mundo por su repercusión en las redes, ha disparado todas las alarmas en los medios por la aparente facilidad de que una mentira haya sido asumida como verdad por el simple hecho de que la información parecía venir de “una fuente confiable”.

 

Las fuentes saben que hoy lo llamativo es replicado sin cesar y, de hecho, puede jugar con la buena fe de los medios. Esto quiere decir que hoy más que nunca las reglas elementales del periodismo de siempre, deben agudizarse. Verificar, constatar, sospechar, ahondar, contrastar deben ser verbos que se conjuguen en acciones que eviten que no solo los medios, sino la comunidad en general, sean engañados.

 

Es un compromiso de los Programas de Comunicación Social- Periodismo y de las Facultades de Comunicación del país, de hacer un llamado a la reflexión sobre el rol del periodista de los nuevos tiempos y el rol, por supuesto, de los medios en las épocas de las redes sociales.

 

Desde la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas y su programa de Comunicación Social Periodismo de la Universidad Autónoma y el apoyo del “Laboratorio de Periodismo Álvaro Cepeda Samudio”, la Uniautónoma amplía el debate e inicia un ciclo de conversatorios que girarán sobre el oficio de los periodistas y los medios en los tiempos de un nuevo periodismo.

 

Es así como el próximo miércoles 20 de marzo desde las ocho de la mañana se llevará a cabo el conversatorio “Retos y amenazas de un nuevo periodismo: el caso Tarantino” que contará con la presencia de los periodistas Oscar Montes, ex - editor de El Heraldo, columnista y panelista de Blu Radio; Martín Tapias, director de noticias de Caracol Barranquilla; Wilhelm Garavito, redactor y columnista de ADN; Humberto Mendieta, columnista y director de noticiero regional y el profesor y periodista Jaime de la Hoz Simanca con la moderación del docente y columnista de prensa Anuar Saad.

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Profunda preocupación expresó el periodista Juan Gossaín porque los medios, tradicionales y digitales, “se sumaron a la locura colectiva de las falsedades, de la llamada posverdad, en lugar de ocupar su papel que es ser guardianes del manicomio” y convocó un movimiento nacional para conformar una Comisión de Ilustres e interesados en una Asociación que tenga como finalidad la “recuperación de la Ética como fundamento del Periodismo”.

 

“¿Qué está pasando en Colombia? Es una locura colectiva donde los Medios se comportan como empresas que buscan a cualquier precio el rating y olvidan su papel formador”, dijo Gossaín frente a más de un centenar de periodistas de la región Caribe Colombiana, en el marco del 4° Conversatorio sobre ‘Buenas Prácticas periodísticas y Ciudadanas’ convocado por Fecolper y la Universidad Autónoma del Caribe, que se llevó a cabo en las instalaciones del Parque Cultural del Caribe, bajo la conducción de la decana de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, Soledad Leal.

 

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“Espero que los Medios como institucionalidad, como propósito ético, realicen una campaña a fondo para rescatar la credibilidad perdida, porque hoy lo primero que se pregunta el ciudadano al ver una noticia en la televisión, las redes, e incluso la prensa, es ¿será verdad?”, y señaló que “recuperar con hechos” la ética perdida requiere “independencia, imparcialidad y veracidad”. Reiteró que este propósito es responsabilidad de “medios y periodistas”.

 

En este marco, el conocido periodista y escritor destacó el papel que están llamadas a cumplir las Universidades como formadores de los periodistas de las nuevas generaciones, porque deben brindar una formación que los sintonice con las realidades digitales pero que al mismo tiempo les dé como fundamentos la “ética, la estética y una sólida formación humanística”, para que desde un criterio profesional recuperen la narración de la verdad.

 

Recordó que tales fueron sus enseñanzas cuando era profesor de redacción en el Programa de Comunicación Social de la Universidad Autónoma del caribe, y recordó que aquí en barranquilla pasó “los mejores 8 años de su vida”.

 

Gossaín se mostró satisfecho con el encuentro periodístico con docentes, estudiantes, investigadores de los diversos medios tradicionales y digitales que llenaron la Sala Múltiple del museo del Caribe, donde se realizó este evento.

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Con un ameno ir y venir de opiniones se llevó a cabo el tercer conversatorio la comunicación como acción social transformadora, en la mañana de este martes, en la Casa Club Caribe.

 

El encuentro fue una jornada educativa y su objetivo era hacer reflexionar a los presentes, de forma científica, investigativa y práctica, sobre el poder de la comunicación y el periodismo, respecto a la transformación social, yendo más allá del uso instrumentalista de la información.

 

Durante la jornada fueron abordadas diferentes temáticas de la mano de dos ponentes: Carmen Peña Visbal, abogada y periodista; consultora internacional en asuntos de paz, posconflicto y derechos de mujer y género. La segunda invitada fue Adriana Hurtado Cortés, actual presidente de la Federación Colombiana de Periodistas (Fecolper) e integrante del comité ejecutivo de la Federación Internacional de Periodistas (FIP) y vicepresidente de la Federación de Periodistas de América Latina y el Caribe (Fepalc).

 

Carmen Peña es una autoridad del periodismo regional por su trayectoria como jefe de redacción del Diario El Heraldo, su paso por El Tiempo, La Libertad y Diario del Caribe y desplegó una intervención basada en el derecho civil, titulada ‘Comunicación y cambio social’.

 

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En ella, instó a los presentes a ejercer la comunicación social con propósito constructivo, dirigiéndose incluso a quienes se les denomina influencers con un énfasis en el uso de la opinión en las redes sociales. “No es aceptable que a un político se le llame cerdo ni se utilice otro tipo de términos para referirse a los demás, para generar opinión”, dijo.

 

Peña Visbal insistió en que los ciudadanos deben cumplir con sus deberes y quienes ejercen el periodismo “deben hacerlo con ética y con el fin de formar”. “El gran problema es no conocer. El conocimiento da poder. El deber ser es que yo ayude a empoderar a la ciudadanía, que yo contribuya a que la ciudadanía se forme con información real y respetuosa”, agregó.

 

Además de lo anterior, Peña Visbal invitó a los asistentes a tener pensamiento crítico, a dudar, “a confrontar fuentes, lo que nos dará un estatus de líder social, porque estamos influenciando con la verdad y formando opiniones firmes”, reafirmó.

La segunda intervención

 

Por otro lado, bajo el nombre de Liderazgo Comunicacional, Adriana Hurtado Cortés habló sobre los derechos de los periodistas y las formas de defensa con las que cuenta el gremio para evitar todo tipo de agresión y abuso, lo cual se sigue dando por la cultura del miedo. “Por el temor a ser señalados por los mismos colegas. Tenemos un acompañamiento jurídico para todo aquel que esté en esta situación, pero no podemos efectuar acciones contundentes si la persona no nos facilita un contrato de trabajo y nos preocupa seguir documentando casos sin poder poner en marcha acciones efectivas de defensa”, señaló.

 

Otro tema expuesto fue el de la intimidación a familiares de los periodistas amenazados y del uso de las redes sociales como canal de vociferación de detalles personales que no deberían salir a la luz pública, así como el acoso judicial a periodistas que tienen una voz crítica.

 

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Al término de su turno, Hurtado socializó estadísticas del Informe Anual de Libertad de Prensa en Colombia, respecto a los casos entorpecidos por terceros y debido a la intención de silenciar. “No quiero que se diga ‘me retiro del periodismo’. Lo que quiero es que se convenzan de que necesitamos pasar de los registros a las acciones, para crear un proceso y que haya una verdadera libertad de prensa”, añadió y anticipó que habrá otras reuniones para restablecer derechos y atenuar otras afectaciones.

 

El conversatorio, que coincidió con el Día Nacional del Periodista y del Comunicador Social, terminó con un almuerzo y el compartir de los colegas presentes. De esta manera se dejó pendiente un cuarto reencuentro del que se espera la muestra de nuevas cifras de reducción de eso casos de violencia sufrida por los profesionales, pero sobre todo que represente la unión en el gremio.

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