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A los 23 años, Javier Naranjo Maldonado ya se perfila como el creador de uno de los inventos más convenientes e innovadores en la historia reciente de la fisioterapia en la región Caribe. El joven egresado del programa de Ingeniería Mecatrónica, junto a sus docentes Carlos Díaz y Pablo Bonaveri, creó un dispositivo que permite una rápida y menos dolorosa recuperación del movimiento del codo.

De acuerdo con Naranjo Maldonado el dispositivo recibe el nombre de Gyraffe y “nació como un proyecto de grado hace tres años”, con el que querían “mejorar las condiciones de vida de quienes han perdido la motricidad en el brazo, pues este sistema permite realizar movimientos de flexión y extensión no posibles hasta el momento.

Este novedoso aparato permite la rápida rehabilitación de los pacientes que han sido operados en sus miembros superiores. Lo que hace de este dispositivo un invento revolucionario son su portabilidad, su conexión con dispositivos móviles y el manejo de la telemedicina.

Javier Naranjo precisa que “anteriormente tras un proceso operatorio se inmovilizaba el brazo por un tiempo hasta que iniciaba la rehabilitación, esto era demasiado doloroso para el paciente porque cuando intentaba recuperar la movilidad, la articulación había ganado rigidez. Las nuevas tendencias de la medicina indican que hay que comenzar a rehabilitar después de la operación”.

El ingeniero, graduado en 2016, fue recientemente reconocido como uno de los 13 ganadores de Probeta 2.0, una convocatoria realizada por la Alcaldía de Barranquilla y Macondo Lab. Como premio recibieron asesoría para perfeccionar su dispositivo, contactos con posibles interesados en invertir en la tecnología y un espacio en Caribe BIZ Fórum 2018 para presentar al público su invento.

La inquietud por este tipo de proyectos no es nueva para Javier Naranjo. Recuerda que el primer día de clases estaba ansioso por querer iniciar el pregrado y desde entonces tuvo la inquietud por los proyectos que se venían adelantando.

“Me sirvió de mucho la cercanía con los profesores, entre ellos Luis Mealla y Pablo Bonaveri”, agrega y asegura que Uniautónoma le ha aportado mucho, además del anhelo de crecer como investigador, pues ha podido desarrollar “patentes, registros de software y varios reconocimientos”.

Considera Javier que quienes quieren estudiar Mecatrónica deberían hacerlo en Uniautónoma, “porque está abierta para todo el que quiera soñar”. Añade que mirar hacia atrás y pensar en todo el respaldo que ha recibido de la institución lo motiva para decirle a quienes están a punto de terminar la secundaria que cuenten con el mismo apoyo que lo impulsó a él.

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Un dispositivo para la rehabilitación de codo, en estado posoperatorio, fue presentado por el Grupo de Investigación de Ingeniería Mecatrónica (GIIM) de la Universidad Autónoma del Caribe, en el estand que la Alcaldía de Barranquilla instaló en el área de exposiciones del Caribe BIZ Forum 2018, el foro empresarial de la Cámara de Comercio de Barranquilla.

 

Los visitantes pudieron conocer de cerca el novedoso aparato que permite la rápida rehabilitación de los pacientes que han sido operados en sus miembros superiores y que es parte de una necesidad identificada, hace dos años, por el entonces estudiante Javier Naranjo Maldonado, ahora egresado de la institución del programa de Ingeniería Mecatrónica.

 

Esta invención llamada Gyraffe fue una de las 13 propuestas ganadoras de la convocatoria Probeta 2.0, programa liderado por la Alcaldía de Barranquilla que busca fomentar y desarrollar modelos de negocios tecnológicos de alto impacto con productos innovadores y sofisticados. Esto también los hizo merecedores de participar en el foro, para exponer el dispositivo frente a cientos de empresarios nacionales.

 

Este es un trabajo de investigación del grupo GIIM, liderado por el Doctor en ingeniería Pablo Bonaveri, con el apoyo del doctor Fredy Angarita (ortopedista y traumatólogo especialista en cirugías de mano y miembros superiores), Adriana Contreras (fisioterapeuta especialista en manos), Carlos Díaz Sáenz (Magister en ingeniería mecatrónica y nanotecnología) y la doctora María Elena Mejía como apoyo de comercialización de la Tecnología.

 

Lo que hace de este dispositivo un invento revolucionario son su portabilidad, su conexión con dispositivos móviles y el manejo de la telemedicina.

 

Javier Naranjo precisa que “anteriormente tras un proceso operatorio se inmovilizaba el brazo por un tiempo hasta que iniciaba la rehabilitación, esto era demasiado doloroso para el paciente porque cuando intentaba recuperar la movilidad, la articulación había ganado rigidez. Las nuevas tendencias de la medicina indican que hay que comenzar a rehabilitar después de la operación”.

 

Gyraffe fue diseñada para usarse no solamente dentro de una clínica sino que el paciente pudiera llevársela por su ligereza, sirviendo como complemento para el trabajo de médicos y fisioterapeutas. “Con esta herramienta, a través de un aplicativo móvil facilita el contacto entre especialista y paciente; además el especialista podrá programar las repeticiones en los ejercicios de recuperación y comprobar si se realizaron. Toda la información capturada va a un servidor al que se podrá acceder con un usuario”, agrega Naranjo.

 

La Universidad Autónoma del Caribe seguirá con su estrategia de impulsar la creatividad y la innovación de sus estudiantes mediante los grupos de investigación, con el apoyo de su cuerpo docente. Según la última medición de Colciencias, la institución cuenta con 27 grupos de investigación registrados, de los cuales 25 están categorizados en A1, A y B, así como también cuenta con 11 patentes registradas.

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Una prótesis funcional de mano fue desarrollada por estudiantes y docentes de los programas de Ingeniería Mecánica e Ingeniería Mecatrónica de la Universidad Autónoma del Caribe, y donada al paciente, un hombre de 26 años que perdió su extremidad en un accidente automovilístico hace cuatro años.

“Es una prótesis funcional que nosotros llamamos ‘Mioeléctrica’ porque recoge la señales eléctricas del músculo a nivel superficial, y a través de los electrodos llega a unos motores que permiten hacer el movimiento de las manos”, explicó Pablo Bonaveri, docente de Ingeniería Mecánica y director del proyecto, quien junto a Francisco Arcos, docente de Ingeniería Mecatrónica, trabajaron duraron 10 meses en este desarrollo.

Se trata de un prototipo creado especialmente para el paciente de acuerdo a sus especificaciones anatómicas.

Los electrodos van ocultos y toman la serie eléctrica, la cual baja a un sistema de control que es el que envía la señal a los motores. “En este caso decimos que es personalizada porque el paciente escogió los movimientos”, agregó Bonaveri.

El beneficiario, quien pidió permanecer en el anonimato, perdió la mano cuando se movilizaba en una moto y chocó con una camioneta de estacas, perdiendo el conocimiento y sufriendo golpes en varias partes del cuerpo. Desde ese momento comenzó un proceso de asimilación a su nueva condición. Este miércoles, cuando los ingenieros le pusieron la prótesis, dijo sentir una conjunción de emociones que le hicieron brotar algunas lágrimas. “Ahora debo acostumbrarme al peso de la prótesis y fortalecer los músculos de este brazo para poder moverla. Vienen varios meses para acostumbrarme”, expresó, visiblemente emocionado.

En un laboratorio de Uniautónoma y en presencia de los medios de comunicación, el joven recibió la prótesis y pudo sujetar una botella de agua y otros objetos.

El proceso contó con la participación de Freddy Angarita, médico Ortopedista y cirujano de mano. “Es supremamente positivo, ya que en el mercado una prótesis como ésta la desarrollan en Europa o Estados Unidos y tienen un costo de 30 a 40 mil dólares, lo que hace que las prótesis no sean asequibles. Es importante que esas personas sientan que su vida cambió”, expresó el especialista.

Para Oscar Álvarez, estudiante de décimo semestre de Ingeniería Mecatrónica, el proceso comenzó con una idea en el aula y terminó significando la mejoría de vida para una persona que conocieron a través de un tercero en el Centro San Camilo. “Fue un proceso largo que duró aproximadamente 9 meses, porque hubo que tomar las mediciones tanto del cuerpo del paciente como de las señales que envía su cuerpo, debido a que estas varían de personas a personas”.

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