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Según un estudio realizado en España y publicado esta semana en el diario El País, de Madrid, la mala ortografía y redacción se han tomado a las universidades de la Península Ibérica, lo cual es para preocuparse, de acuerdo con Inés Fernández-Ordóñez, miembro de la Real Academia Española (RAE) y catedrática de la Universidad Autónoma de Madrid.

 

En el reportaje antes citado se considera a la mala redacción y ortografía una ‘epidemia’ y, conforme con Fernández-Ordóñez, “nunca hubo un volumen educativo en España como el actual —el 41% de los jóvenes de 25 a 34 años tiene estudios superiores, frente a un 43% en la OCDE—, pero el nivel ortográfico de los graduados es muy mejorable. Y si los que enseñan cometen fallos, los escolares los repetirán” dijo la docente.

 

Sí, Fernández-Ordóñez podría tener razón en estar preocupada al respecto y es que a mayor preparación, se espera que mayor sea la destreza al escribir y al expresarse de cualquier manera. Por lo anterior, en la Universidad Autónoma del Caribe hemos decidido comprobar si la situación, aquí, es la misma que se da en las instituciones españolas de educación superior. Fue así que, inmediatamente después de conocer lo que está pasando, se inició la investigación para descubrir cómo estamos en este sentido.

 

¿Cómo es el nivel de redacción y ortografía de nuestros estudiantes?

De acuerdo con Ernesto Cantillo, ingeniero industrial, especialista en Mercadeo, magíster en esa misma área y docente de la facultad de Ingeniería, nuestros estudiantes “sí tienen mala redacción y mala ortografía. Sin embargo, algunos se salvan, pero otros…”, afirma.

 

Si a Cantillo le tocara calificar lo que escriben sus alumnos de uno a cinco, donde uno es el nivel más bajo de aceptación, “les pondría un tres, por coherencia y la expresión de las ideas”, agrega.

 

El también aspirante a doctor en Mercadeo considera que sí es necesario profundizar en el tema, pero “bajo otro tipo de metodología, porque la que se ha aplicado, hasta ahora, no ha dado resultado”, añade.

 

Por otro lado, Carlos Grande -publicista, también especialista, magíster en Mercadeo y docente de Uniautónoma, piensa que no se puede hablar de una epidemia y decir que todo el mundo tiene mala ortografía y mala redacción. De hecho, “son más los que escriben bien. Lo que pasa es que uno se alarma al ver fallas, pero podríamos estar prejuzgando a la gente que cometió un error que puede cometer cualquiera de nosotros”, señala.

 

No obstante su flexible opinión, Grande cree que sí hay que trabajar duro porque evidentemente no tenemos una ortografía perfecta y tampoco es aceptable que no la tengamos”, dice el profesor de tiempo completo de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas.

 

Según Grande, “el mal en quienes lo presentan no es culpa nuestra sino algo que viene mal desde el colegio. De todas formas, en la universidad se deben afianzar los talentos y tratar de perfeccionar lo que aún no lo está, pero, repito, una falla de este tipo la pueden tener hasta quienes escriben bien”, reitera el argentino e insiste que “sí hay un problema, pero no gravedad”.

 

Tal como lo considera Cantillo, Grande valora lo que sus estudiantes escriben con un 3.5 y concuerda con que se necesita fortalecer dicha área y tomar correctivos para pulir a quienes fueron mal enseñados en etapas anteriores “y ahora se están proyectando mal”, encima Grande.

 

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La solución.

Alejandro Espinosa, licenciado en lenguas modernas y magíster en Lingüística, advierte que la mala ortografía –por ende, también la mala redacción- es un problema que se va incrementando y que la causa es la falta de lectura.

 

“Se pueden crear todas las estrategias y la manera de que el estudiante escriba, pero si no lee no podrá escribir ni una palabra”, sentencia el también profesor de tiempo completo en Uniautónoma.

 

Para Espinosa, “es necesario mantener un plan lector en cada asignatura que consiste en brindar a los estudiantes los textos para que los lean y los puedan discutir. De ese modo, también podrán adquirir las bases conceptuales y mejorar”.

 

Espinosa está de acuerdo en que la ortografía sí es un problema pero no es del todo grave, porque, por muy mala que sea, “no va a impedir que el estudiante escriba”.

 

Para el experto en lengua española, el problema es que, por no leer, “se desconocerán las reglas y no se sabrán cómo escribir las palabras”, especifica y también aconseja no centrarnos en las palabras sino en el pensamiento crítico, “lo que también se desarrolla leyendo”.

 

Para efectos de lo anterior, Espinosa sugiere leer dos obras. La primera: ‘La civilización del espectáculo’, de Mario Vargas Llosa. La segunda: ‘El imperio de lo efímero’, de Gilles Lipovetsky. Ambos textos describen la modernidad, al sujeto dentro de ella, al joven que le disgusta pensar, que no es positivo ni propositivo; que desarrolla una conducta enemiga del compromiso. “Las dos obras son una especie de espejo”, señala.

 

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Respecto a ese plan lector que menciona Espinosa, también afirma que todas las universidades y colegios están creando ese compromiso, “pero lo preocupante es que el estudiante esté en una dimensión diferente a la que debe estar y es por culpa del mal uso del Internet y del celular, pues es usado para pasar el momento y así empiezan a alejarse de la academia. Cada trabajo es un fastidio y un dolor de cabeza para ellos”.

 

Pese a lo dicho anteriormente, el docente añade que, en el caso de sus estudiantes, “no he visto errores ortográficos y debe ser porque saben que estoy más pendiente de detectarlos. Les pido madurez para presentar los trabajos. Sí, encuentro errores de índole conceptual, de coherencia e ilación, pero de diez solo uno es ortográfico”, detalla Espinosa, siendo consciente de las ayudas tecnológicas para la reducción de estos errores.

 

“Copiar y pegar es algo inevitable, pero se debe hacer con las debidas Normas APA. Eso es lo correcto”, señala el lingüista y asegura que no se puede hablar de ortografía perfecta, “porque nadie logra conocer su idioma al 100%. Incluso, el mismo Gabriel García Márquez corrigió ‘Cien Años de Soledad’, cuatro décadas después de haberla publicado”, aseveró.

 

Siendo esta la situación, entonces, qué es escribir bien: “plasmar un mensaje claro y preciso, de manera que quien esté leyendo lo pueda entender”, considera el docente y encima que se podría estar exagerando porque “la misma Real Academia Española da su brazo a torcer frente a errores que se repiten y así se contradice ese organismo, como en el caso del solo o el este que ya no se tildan, lo que termina confundiendo a los periodistas, escritores y a todo el que tiene por costumbre escribir, respetando cada acento, cada regla ortográfica”, explica Espinosa.

 

Leer es el antídoto para esta ‘epidemia’, según Espinosa. “No hay otra estrategia que nos ayude en ese sentido”, descarta el docente cualquier otra opción y manifiesta que no se puede escribir como se habla, porque “al hablar te puedes ayudar con los gestos para hacerte entender o para ayudar a que el mensaje no sea ambiguo. En cambio, al escribir no hay algo que puedas mostrar para evitar esas confusiones. Sólo queda escribir bien para que el contexto no sea alterado”, añade.

 

Para Espinosa, es posible que, con el tiempo, los errores del presente sean aceptados en el futuro como una evolución natural del español, así como ocurre con el inglés con palabras como ‘night’ (noche) que informalmente se escribe ‘nite’. “Somos sujetos activos, el habla es una evolución dinámica, pero, en el ámbito profesional sí se deben tomar correctivos, porque por un error en una sentencia –en el tema del derecho- se puede dar un mal veredicto, tal como pasaría con una coma mal puesta”.

 

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Otro punto de vista, una misma solución. 

 

Para Antonio Donado, periodista y magíster en Educación, enseñar sintaxis es posible, “pero eso no garantiza el aprender a escribir”, considera el experto en métodos de enseñanza.

 

Según Donado, aprender a escribir está muy conectado con saber pensar. “Si no se aprende a organizar la mente, es muy difícil escribir claro, breve y con sentido.

 

Para Donado, también doctor en Educación, la culpa es de la gente que ha tomado a las redes sociales para ganarse la vida y alcanzar el éxito, pues, por ellos “muchos dicen que no hace falta leer libros bien escritos, que basta con saber ‘embutir’ las redes de lo que se nos ocurra. Total allí todo vale, y ya nadie le hace ‘mala cara’ a la mala ortografía, menos a la mala redacción”, complementa Donado.

 

Al final, Donado piensa que hoy conviven las dos ‘lenguas’: “la mal escrita, para las redes, y la bien escrita para quienes todavía lo notan”, termina. JSN

Publicado en Noticias Generales
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