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A pesar de que son vistos como una nueva tendencia en bioconstrucción, los techos verdes o terrazas verdes, se remontan a los años 500 a.c.. Su evolución actual se inició en Alemania en la década de 1960, extendiéndose en los últimos años al resto de Europa y en menor medida a Estados Unidos.

 

Por supuesto, no se trata de techos color verde. Lo anterior se refiere a los techos de edificaciones que se encuentran parcial o totalmente cubiertos de vegetación. Son azoteas que se cubren de tierra para plantar diferentes plantas en ella.

 

Los techos verdes pueden variar en tamaño y casi cualquier tipo de vegetación puede ser plantada en ellos, teniendo en cuenta las condiciones climatológicas a las que se verán enfrentadas. Gracias a estas plantaciones, se puede mejorar el clima al interior de la edificación y filtrar contaminantes del aire y la lluvia. Además, prolonga la vida del techo, reduce el riesgo de inundaciones y puede servir como una barrera acústica. 

 

En cuanto a costos, el techo verde podría aumentar el valor de un inmueble y hasta convertirse en el elemento clave de lo que podría llegar a ser un edificio autónomo. Hay techos que requieren de muchos más cuidados que otros. Hay algunos que demandan unas capas más delgadas y utilizan, principalmente, musgos y plantas resistentes a la falta de agua. A pesar de que estos proyectos deben ser dejados en manos de especialistas, se podrían implementar algunos a pequeña escala. 

 

Infografía Terrazas Verdes.jpg

 

“Primero hay que buscar el tipo de vegetación para las terrazas, porque es una específica dependiendo la raíz, después de eso enfocarlas hacia el clima y las necesidades, nosotros acá en la Universidad lo que buscamos fue una vegetación que aguantara mucho tiempo sin agua y mucho contacto con el sol”, explica Andrea Daza, estudiante de la Universidad Autónoma del Caribe y miembro del semillero de investigación Arquitectura Bioclimática. 

 

Para lo anterior existe un manual que indica, de manera específica la plantación necesaria para cada condición. Según las investigaciones del semillero, se llegó a la conclusión de que las plantas que más se adecuan a Barranquilla son las Suculentas, que permiten el almacenamiento de agua en cantidades mucho mayores al resto de las plantas, como explica Andrea, estas “son una especie de cactus pero que le salen florecitas y soportan mucho tiempo sin agua y al contacto directo con el sol”. 

 

“La vegetación no se puede dejar al azar porque la idea de estas terrazas es lograr alcanzar un periodo largo en el tiempo para poder hacerle mantenimiento. La idea es que se mantengan solas porque si tenemos una terraza que requiere que se riegue dos veces al día, pues ya pierde su calidad de sostenible por la cantidad de agua que debe consumir”, expone el ingeniero industrial Jair Díaz, docente lider del semillero de investigación. 

 

En cuanto a las estructuras, existe una estándar que puede ser aplicada a casi todas las edificaciones; sin embargo, el espesor del sustrato (tierra negra donde se planta la vegetación) es el que varía en cada ocasión.

 

Terrazas Verdes Suculenta.jpg

 

“Este (el sustrato) puede ir desde 1,5 a 3,5 cm, es decir muy poquito, porque esto es una carga muerta que va a tener el edificio, que está diseñado para cierto peso y ahora, al ponerle una carga quieta ahí, el esfuerzo es mayor. Entre menos sustrato, mucho mejor para que se mantengan las plantas. La idea también es poder reutilizar las aguas negras que genera el edificio, no importa si es este, el académico (refiriéndose al bloque A de la Universidad Autónoma del Caribe, o si es una vivienda familiar”, explica el docente, magister en Energías Renovables y aspirante a doctor en Sostenibilidad. 

 

Por otra parte, las terrazas llevan debajo unas capas, que van a permitir el aislamiento del agua que las plantas generen, manteniendo la edificación libre de humedad. De las misma forma, hay que tener un control de las raíces que, como es natural, buscaran abrirse camino y podrían generar daños en la estructura.

 

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Publicado en Noticias Generales

La abeja de miel o conocida como ‘Apis mellifera’ es un agente natural que juega un papel de vital importancia dentro del proceso de polinización en las plantas. El insecto desplaza el polen y el néctar de una flor a otra trayendo, como consecuencia, la formación del fruto y la semilla que le servirá al vegetal para perpetuar su especie y multiplicarse.

 

Sin embargo, las abejas están muriendo. Su desaparición conllevaría a una catástrofe ambiental con la disminución de los vegetales, con una secuencia de reacciones catastróficas sobre la cadena alimentaria.

 

En Colombia este fenómeno ya sé está presentando pero no se le ha prestado la atención suficiente. Aproximadamente 10.500 colmenas desaparecen cada año debido a las prácticas agrícolas inadecuadas, los altos niveles de contaminación, la falta de tratamiento de los humedales y la destrucción de los ecosistemas; son factores que causan la muerte de este insecto himenóptero responsable de polinizar el 35% de la producción mundial de alimentos.

 

A raíz de este panorama el colectivo liderado por apicultores ‘Abejas Vivas’ creado como una respuesta a esta crisis, presentó el año pasado un proyecto de ley ante el Congreso de la República para defender y proteger a las abejas y otros polinizadores enel país. El propósito de este es la creación de tres zonas: una de concentración, otra de producción y una de refugio. 

 

La primera se trata de lugares donde los polinizadores no se vean afectados por las actividades humanas y sean declaradas así por las autoridades competentes. La segunda, estaría destinada a lugares con una gran presencia de apiarios, mientras la tercera serian zonas donde los productores agropecuarios tendrían que mantenerse en el marco de sus cultivos para asegurar la alimentación y el refugio de estos animales.

 

Grupo de abejas.jpg

 

Así mimo el proyecto proponía la creación de un Sistema Nacional de Protección de Abejas, Desarrollo de la Apicultura y Polinizadores. El sistema estaría a cargo del Ministerio de Agricultura, pero tanto el Ministerio de Ambiente, como el ICA, el ANLA y Gestión de Riesgo serían piezas claves de este.

 

Aunque sus promotores lo ven como un proyecto que busca articular a varios gremios y sectores para conservar a los polinizadores, el colectivo ‘Abejas Vivas’ considera que en el proceso se eliminaron artículos claves para que efectivamente se proteja a estos insectos. Sin embargo, Este proyecto se vino a bajo por la falta de armonización con los agricultores.

 

“Proyectos como estos requieren ante todo voluntad política para convertirlo en ley de la república, en este sentido se deben establecer no solo medidas de protección a favor de las abejas, sino sanciones contundentes por las acciones que vayan en contra de las mismas debido a su importancia para la vida misma. En igual sentido, la norma no es suficiente si no va acompañada de una política clara al respecto”, explicó Victor Armenta, abogado especialista en Derecho Administrativo y también docente.

 

Qué pasara con las abejas si no se toman las medidas necesarias, qué dicen los expertos.

En el país la normatividad en materia ambiental ha sido difusa durante muchos años, es decir la responsabilidad y competencia para protección del medio ambiente se encuentran consagradas en una multiplicidad de disposiciones legales que hace difícil su aplicación y efectividad. Si no se toman las medidas a tiempo la especie podría desaparecer en el país en 10 años, advierten expertos.

 

Colmena de abejas.jpg

 

“Se deben plantear alternativas que propendan la protección de esta especie vital para el ser humano y la supervivencia de los ecosistemas. Una de las alternativas que considero pertinentes sería la implementación de políticas de estado que promuevan la protección de las mismas. Por otra parte el sector empresarial debe reemplazar el uso de pesticidas debido a que estos son los principales causantes de muerte en las abejas y buscar otro tipo de alternativas amigables con el medio ambiente”, sugirió Vanessa Ramos docente de Bioética y Medio Ambiente de la Universidad Autónoma del Caribe.

 

Según un reciente estudio, publicado en la revista científica 'Science', de 198 muestras de miel que fueron recogidas de todos los continentes, el 75 por ciento contenían trazas de al menos un neonicotinoide. Casi la mitad de las mieles analizadas tenían restos de dos o más de estos pesticidas. El porcentaje de mieles con contaminadas fue mayor en Norteamérica (86%), Asia (80%), y Europa (79%). América Latina (57%) y Oceanía (64%) arrojaron las menores cifras, aunque llama la atención sobre la problemática global.

 

“La responsabilidad es de todos. Comenzando porque debe existir una conciencia ciudadana de protección de las especies, además de un compromiso de las distintas autoridades ambientales para defender la misma. Pero le corresponde al Congreso de la República legislar sin vacilaciones mediante la aprobación de proyectos que garanticen la supervivencia de las abejas y el respeto por las distintas especies”, Terminó el entrevistado Armenta. LLT

 

 

 

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