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La lucha continúa por la libertad de prensa en Colombia

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La lucha continúa por la libertad de prensa en Colombia
Viernes, 03 May 2019 18:56
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El 3 de mayo es considerado el Día Mundial de la Libertad de Prensa y, precisamente, hoy, en el marco de la Feria del Libro 2019 –en Bogotá- se estableció un pacto que garantiza el derecho a la información en las próximas elecciones regionales de octubre.

 

La iniciativa -basada en un decálogo de seis puntos y firmada, a manera de anticipo, el primero de este mes- es parte es el resultado de un convenio entre la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip), la Asociación Colombiana de Medios de Información (AMI), la Fundación para el Nuevo Periodismo (FNPI) y Friedrich Ebert Stiftung.

 

Uno de los mayores propósitos de lo anterior es combatir los ‘Fake News’ y asegurar el buen manejo de las redes sociales, así como el elevar el compromiso a rechazar cualquier intento de desinformación con el fin de influenciar a los votantes antes del cierre de las mesas y, así, manipular los resultados finales.

 

Del mismo modo y, como parte de este acuerdo, quedaría prohibida la financiación, generación, uso y promoción de contenidos falsos, desde los comandos o por parte de aliados de los candidatos.

 

La mayoría de los representantes de cada uno de los partidos políticos ya firmaron el trato, pero aún no lo ha hecho una pequeña proporción de ellos, lo que no supone un impedimento para que el objetivo se dé.

 

Asuntos más delicados.

La desinformación en época electoral es un tema importante, pero hay otros que producen mayor preocupación, como la privación del ejercicio por el riesgo a ser amenazado o lastimado de alguna manera.

 

Según la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa más reciente, 2019, desarrollada por Reporteros sin Fronteras (RSF), la lista de países en los que ejercer esta profesión representa un peligro se ha venido alargando de forma considerable y alarmante. Peor aún, incluye territorios en los que no hay dictaduras absolutistas.

 

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En América, por ejemplo, de acuerdo con la información publicada en el portal de la RSF, se ha dado “un fuerte deterioro que afecta a regiones en las que antes la situación era buena”, según el texto. Estados Unidos, Brasil, Venezuela y Nicaragua son los países en los que el riesgo para los periodistas es mayor, siendo los dos últimos en los que se produce por el cubrimiento protestas debido a manejos dudosos del gobierno.

 

La situación en México no es la mejor, pues en 2018 fueron asesinados diez periodistas, por lo que también figura en esa lista ascendente.

 

En Europa, según el mismo informe, Rusia y Turquía son los mayores represores de la prensa independiente. Incluso, Turquía “es conocida como la mayor prisión del mundo” para los profesionales de este campo. De hecho, es el único país del mundo en el que se juzgó a un periodista –la reportera Pelin Ünker– por haber participado en la investigación de los Papeles del Paraíso (Paradise Papers).

 

Malta, Eslovaquia, Bulgaria, Serbia y Montenegro aparecen también en el reporte, por haberse convertido en una costumbre el agredir verbal y físicamente a los comunicadores sociales que trabajan en medios masivos. En Francia se han incrementado dichos casos, lo que ha llevado a los equipos informativos a usar chalecos amarillos y no portar los logos de los medios para los que trabajan.

 

Hungría, Polonia y Bulgaria son considerados como los perseguidores de periodistas en temas tributarios, como prebendas por favores de toda índole que vinculan grandes cantidades de dinero. Serbia, Croacia y Eslovaquia también son zonas de persecución, tal como lo es Italia, en donde son constantes los casos de acusaciones a periodistas por encubrir y participar en actos de corrupción en las grandes esferas del Estado.

 

Pero, la sorpresa del documento son Noruega, Finlandia y Holanda, todos lugares en los que la calidad de vida ha sido resaltada, pero en lo referente a la de los periodistas se ha reportado que deben vivir bajo protección policial, sobre todo los dedicados a la investigación del crimen organizado.

 

En Ásia, Afganistán, India, Pakistán, Birmania, China, Singapur, Camboya, Malasia y Maldivas son los países en los que se presentan la mayoría de casos de esta clase, mientras que en el Medio Oriente y norte de África, Siria, Yemen, Irán, Arabia Saudí, Argelia, Marruecos, Bareín son los mencionados por la misma razón.

 

En el resto de África se registró el menor deterioro al respecto, pero Etiopía, Gambia, Tanzania, Mauritania y la República Democrática del Congo son los citados por ser los centros de violencia para los informadores, siendo Somalia y Ghana lo de mayores cifras y con castigos con mayor crueldad.

 

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El lado opuesto.

Armenia, Uzbekistán, Suecia, Etiopía, Túnez y Gambia son los países en los que, según lo publicado, se ha registrado un progreso en este sentido, acompañados por Australia y Nueva Zelanda, los que no han sido señalados desde hace tiempo. En Colombia, si bien –desde hace unos años hasta hoy- no ha habido homicidios contra los periodistas, a partir de 2018, al ser asesinados tres periodistas ecuatorianos, la alarma se volvió a activar y es que crecieron las agresiones a la prensa y se registraron 477 amenazas, que no pasaron de serlo, pero se trata de una cifra importante. En 2017, fueron registradas 310 agresiones de las cuales 129 fueron amenazas.

 

Según Jorge Peñalosa, comunicador social, periodista y docente de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, “directamente, no me dijeron ‘usted tiene que guardar silencio y no publicar tal cosa porque lo pueden asesinar”, dice, pero “en los años 80 y 90, la verdad es que los periodistas nos autocensurábamos, pues era tan evidente el problema con los medios, porque mataron a muchos periodistas”, agrega el profesor de tiempo completo

 

Fidel Cano, Carlos Castillo Monterrosa y Carlos Lajud Catalán fueron solo tres de los ultimados en aquel entonces, conforme Peñalosa. Fue así que “la autocensura se convirtió en un mecanismo de defensa, pues estaba implícita la amenaza. Muchas veces estuve cerrando periódico y pasaban cosas, situaciones por las que debíamos tener mucho cuidado en qué publicar y cómo, ya que dejábamos en evidencia al medio”, recuerda.

 

“Ya habían puesto bombas en El Espectador y en La Vanguardia Liberal, mientras que El Heraldo estaba cercado, igual que El Diario del caribe. En el caso de las bombas de Barranquilla, se debió manejar la situación para quitarle el temor a la gente. En San Andrés, por el ejemplo, hubo casos de explosiones que nunca salieron a la luz pública para no acabar con la tranquilidad de la isla”, añade el también magíster en Ciencias de la Comunicación.

 

En cambio, este profesional -con más de 11 años de experiencia en periodismo y 20 de enseñanza en la educación superior- dice que sí sabe de casos de algunos colegas que han tenido que salir del país y hoy en día están en París, por ejemplo, pese a que los medios brindaban esa garantía, especialmente en la época del narco terrorismo”, indica.

 

Peñalosa señala que “la Sociedad Interamericana de Prensa nos hablaba mucho de eso, hubo muchos pronunciamientos, sobre todo los periodistas que se han ido agremiando, pero eso tampoco garantiza nada”.

 

Por lo anterior, Peñalosa considera que Colombia no es, en apariencia, un lugar peligroso para los periodistas, “porque tienes la libertad de expresión y nadie te pone un revolver explícitamente hablando, pero sí hay una coacción y es por parte de los grupos económicos”, sostiene.

 

Además, Peñalosa cree que el periodismo independiente se acabó cuando los medios fueron comprados por esos conglomerados y “no es que esté en desacuerdo con ellos, pero ya el nivel de independencia editorial es difícil de conservar, para evitar cualquier cuestionamiento”, asevera.

 

No obstante este panorama tan oscuro, Peñalosa aclara que “si Mábel Lara, periodista caleña, dijo a los estudiantes que no estudien periodismo, pues yo digo lo contrario. Ahora es cuando más deben estudiar, porque son ellos los que abrirán el debate, inmersos en la discusión. Deben buscarle salida. Ellos son los que van a salir de aquí y van para los medios y ellos pueden cambiar el estado de cosas que actualmente existen”, insiste.

 

Para este educador, no hacerlo es dejar el espacio a los grupos económicos para que contraten y manejen el periodismo como les da la gana. Y “mi propuesta sería que haya más regulaciones de ley, sobre todo en el tema de la libertad de expresión, que no se quede en letra muerta y que se pueda reglamentar el periodismo para que los grupos económicos tengan prohibiciones tan taxativas que no puedan controlar el medio editorialmente ni su contenido, que no tenga injerencia directa sobre los propósitos editoriales”, encima.

 

Peñalosa sugiere, además, que los periodistas deben ser vistos de otra manera, “que cuenten con mayores mecanismos de defensa frente al Estado y niveles salariales proporcionales a su responsabilidad. Que el Estado los mire como parte de la sociedad y que sean intervenidos como un servicio del Estado, tal como lo hacen con la salud, la educación y el transporte”.

 

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Otra opinión.

Por otro lado, el también periodista y docente del Programa de Comunicación Social y Periodismo, Anuar Saad, dice que tuve amigos que estuvieron amenazados y que tuvieron que irse en calidad de refugiados por tal motivo.

 

La explicación para Saad de lo anterior es que “determinada nota que se considere de interés no salga publicada, porque afecta a personajes del medio o al dueño, o porque afecta un familiar cercano, porque va en contra de los intereses políticos de esa familia. Es por eso que, antes de protestar por la Libertad de Prensa, debemos mirar hacia afuera y adentro, ser reflexivos y ponernos la mano en el corazón, para preguntarnos si estamos -dentro del medio- guardando lo que tanto estamos promulgando”, manifiesta.

 

Saad considera que Colombia sí es un país que merece estar en la lista de los más peligrosos para los periodistas. “Yo le digo a mis estudiantes que los cementerios están llenos de héroes y entre ellos hay muchos periodistas, La búsqueda de la verdad termina donde empieza el peligro a la integridad. Colombia no es un país para hacernos los valientes” asegura el profesor de tiempo completo, quien también ha sido jefe de redacción de El Heraldo.

 

De hecho, Saad informa que “las unidades investigativas que se formaron en 1975, en El Tiempo y en el 77, la de El Espectador, desaparecieron porque los periodistas integrantes de ellas -Gerardo Reyes y Daniel Samper Pizano- se tuvieron que ir del país porque los amenazaron. El director del Diario La Opinión, de Cúcuta, fue asesinado hace dos años, así como lo fue Guillermo cano y Jaime Garzón y así hay centenares”, dice.

 

Para Saad, la solución es estar conscientes de que “este es un país en el que no nos gusta la diversidad de opinión y cada quien cree que tiene la razón. Se debe hacer un periodismo bien hecho, sin ánimo de controvertir, sino solo de informar, y con el que todos nos identifiquemos”, termina el también magíster en Educación. JSN

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