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Una familia con sello Uniautónoma

Jueves, 12 Enero 2017 05:19
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Los Vilaró Buelvas son egresados de esta institución. Padre, madre y las dos hijas. Una historia de dedicación y compromiso con la educación.


Mónica Buelvas, administradora de empresas y contadora pública, recuerda cómo empezó todo. “La era Uniautónoma comienza desde mis hermanos con Alberto, quien es egresado del 78. Con él somos un total de tres hermanos, profesionales en Contaduría Pública y de la misma institución. Un hecho particular que me hace sentir muy orgullosa”.

 

Para la contadora las décadas que se vivieron con sus hermanos desde el año 1978 hasta 1992, representan la generación de muchas personas que querían salir adelante y no contaban con suficientes recursos para ser profesionales. “Era una institución que te permitía el acceso a una educación profesional y de alta calidad. Muchos de nosotros estudiamos con créditos que la misma academia nos otorgaba. Es algo que todavía sigo agradeciendo y que ha ayudado a muchas familias barranquilleras”.

Para Mónica, el gusto por el área administrativa comienza cuando tenía 17 años. “Mi hermano Alberto que ya era profesional, nos buscaba trabajo a todos en la parte contable. Le fuimos cogiendo un gusto especial a esta rama del conocimiento. Todos terminamos estudiando lo mismo y después de más de dos décadas sigo disfrutando de los conocimientos aprendidos”, señala.

Culminando años anteriores un estudio en Administración de Empresas, Mónica pudo homologar su segunda formación profesional en Contaduría Pública. Una oportunidad que la vida le dio para conocer a Julio Vilaró, también egresado en Contaduría Pública de la Uniautónoma, quien años más tarde se convertiría en su esposo. “A pesar de que todo el mundo me conocía, él a mí no. Los amigos de él eran mis amigos, pero él y yo nunca nos habíamos hablado”, recuerda entre risas Mónica.

Julio afirma, sin refutar una palabra de su esposa: “Sólo hasta el último semestre conocí a Mónica, aunque ya la había visto desde antes. Recuerdo que tomábamos el mismo bus, pero sólo entre miradas nos fuimos conociendo. Allí me comenzó a gustar hasta que en una de las fiestas de despedida que los estudiantes acostumbraban a hacer al final de la carrera, me dio el sí”.

Julio, a diferencia de Mónica, llegó a la Autónoma por consejo de sus compañeros de trabajo. “En esa época yo estaba trabajando y todos estudiaban allá. Me animé a comenzar los estudios por la noche. Y con mi trabajo me pagué la universidad”, detalla.

De esa forma, ellos recuerdan cómo en esa época los estudiantes compartían comidas y empanaditas que vendían al lado de la universidad o al frente donde siempre se ubicaba un carrito de perros. “Era la época de antes y uno se divertía sólo con eso”, comenta con nostalgia Mónica.

Sin embargo, existían importantes preocupaciones para los Vilaró Buelvas en su época de estudiantes, llegar tarde a clases, ya que tenían que escuchar las cátedras desde la puerta. No alcanzaban ni las sillas por la cantidad de personas en el área contable. Todos corrían para alcanzar un puesto, sobre todo en las clases del difunto Ceballos, quien fue profesor de estadística de Mónica por tres semestres.

Al pasar el tiempo, en la vida de los dos contadores, una cifra no les iba a cuadrar del todo. Terminaron hacia el año 89 académicamente, pero sólo se pudieron graduar hasta el 92. “En nuestra relación todo se dio muy rápido. Una de las mayores anécdotas, que casi no nos deja terminar los estudios, fue el nacimiento de mi primera hija, Mónica Andrea. Hoy es una de las continuadoras de la tradición familiar Uniautónoma”, detalla Julio.

Para Mónica recordar su pasado con Julio es un orgullo, lo que es ahora según ella misma, es resultado de la formación que recibió en la universidad. No ha realizado estudios posteriores, pero ha trabajado en todas las áreas administrativas y hasta el momento siente que lo ha logrado todo. “Es que en la Autónoma te enseñan a ser responsable consigo mismo, a ser autónomo” subraya Mónica.


De esta manera, los jóvenes padres pudieron sacar adelante a sus dos hijas, Andrea y Melissa, trasmitiéndoles los valores que aprendieron en su universidad. Ellas, al igual que sus padres, también hacen parte de la gran lista de profesionales que la Universidad Autónoma del Caribe ha dado a la región. Andrea estudió Negocios y Finanzas Internacionales y, por su parte, Melissa egresó el año pasado del programa de Ingeniería Industrial.


De esta manera, para que Andrea lograra ser continuadora de la tradición Uniautónoma, en su comienzo existieron muchas dudas. “Antes de ingresar a la institución no pensaba en estudiar allí, no me sentía segura. Mi familia me lo sugirió y cuando ingresé todo me pareció muy chévere. Cuando se cumplen 50 años de la Uniautónoma, me da mucho orgullo pasar por la carrera 46. Me siento feliz por eso y mis hijos sin dudarlo estudiarán en allá”.


La familia Vilaró hoy reconoce que la universidad es una de las pocas instituciones que le ofrece la oportunidad a los estudiantes de construir y proyectar su vida profesionalmente, al poder trabajar y estudiar al mismo tiempo. “Para nosotros es un orgullo haber hecho parte de la historia de la Autónoma del Caribe, sobre todo por el tiempo que tiene de estar impactando con valores y cultura a nuestra región. Los cambios recientes en la U, hacen notar que es una institución que crece y que se adapta a las condiciones modernas, por eso hoy seguimos construyendo familia Uniautónoma”, concluyó Julio.

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