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VIGILADA MINEDUCACIÓN
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Recientes conferencistas en nuestra universidad se pronuncian sobre temas de actualidad

Domingo, 25 Junio 2017 17:11
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Archivo Archivo El rector Ramsés Vargas y la embajadora de Suecia en Colombia Marie Andersson de Frutos.

“Lo peor quedó atrás”: embajadora de Suecia

Marie Andersson de Frutos, una voz autorizada para poner en perspectiva el proceso de paz que vive Colombia, se despide del país.

Marie Andersson de Frutos, embajadora de Suecia en Colombia, termina por estos días su labor en el país. Ella ha sido testigo de excepción del proceso de paz. SEMANA habló con ella.

SEMANA: ¿Cómo llegó a Colombia?
MARIE ANDERSSON: Llegué en 2002 como consejera de la embajada, una semana después de la posesión de Álvaro Uribe. La situación estaba muy mala, habían fracasado las negociaciones del Caguán. Si caminabas por la séptima, veías un montón de carteles de ‘Se vende’. Si soltabas al niño en la calle, la gente te advertía que lo podían secuestrar. Pasó lo del Nogal. Nosotros no podíamos ni ir a La Calera.
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SEMANA: Quince años después las Farc se están desarmando. ¿Qué siente al ser testigo de este hecho?
M.A.: En 2002 este desarme era impensable. Estuve dos años en Angola, justo los únicos en los que hubo paz. En parte eso me hizo sentir que tenía que volver a Colombia. Cuando me nombraron embajadora me puse muy feliz. Cuando llegué Santos llevaba un año pero la guerra seguía. A las tres semanas mataron a Alfonso Cano. No había información pública sobre los acercamientos, pero nosotros sí sabíamos porque, como reveló hace días el alto comisionado, Sergio Jaramillo, financiábamos las gestiones de Henry Acosta, primer facilitador de los acercamientos. No sabíamos detalles, pero era claro que acordarían una agenda.

SEMANA: Además del apoyo a Acosta, ¿qué más ha hecho Suecia en el proceso de paz?
M.A.: Desde 2000 Suecia hizo una estrategia de cooperación con Colombia y en 2003 nuestro gobierno decidió que su eje era buscar la solución negociada del conflicto. Por eso nuestro apoyo se ha enfocado en quienes trabajan por ese propósito.

SEMANA: ¿Han apoyado a las Fuerzas Militares?
M.A.: Desde 1991, luego de que se promulgó la nueva Constitución, vimos que había apertura en el país y apoyamos la creación de la Defensoría del Pueblo, nuestra socia estratégica, construida sobre el modelo de Suecia. Pero luego vimos necesario trabajar el tema de derechos humanos con las Fuerzas Armadas. En estos años más de 300 oficiales estuvieron en nuestro país profundizando en esta materia.

SEMANA: ¿Cuál es su balance de los diálogos de La Habana?
M.A.: Es interesante ver el proceso de cambio que han vivido las Farc desde su discurso en Oslo, en 2012. Que ellos y el gobierno lograran un acuerdo es muy admirable. Todo el mundo valora este diálogo entre adversarios, tan complicado, que dio como resultado un acuerdo.

SEMANA: ¿Han intentado un diálogo con quienes se oponen al acuerdo?
M.A.: Después de que ganó el No, Suecia, como presidente del grupo de cooperantes, invitó a varios sectores a intercambiar sobre lo que estaba pasando. Yo sé que ha habido dificultades, pero lo peor está detrás de ustedes. ¿Qué puede ser peor que matar a sus propios ciudadanos? Yo siento que en la mayoría del país hay alegría porque ya no hay combates. Claro, hay que reconocer que en lugares como el Chocó aún hay guerra con el ELN, pero en muchas regiones la gente se siente por fin libre para moverse, para vender y producir.
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SEMANA: ¿Es atípico que un acuerdo tenga tanta oposición?
M.A.: Desde afuera a la gente le queda difícil interpretar lo que está pasando. Los europeos valoramos mucho la paz. La consideramos lo más importante, lo primero. Yo no soy uribista, ni santista, ni vargasllerista, soy una extranjera que quiere a Colombia, y estoy convencida de que la paz es un prerrequisito para hacer otras cosas.

SEMANA: También hay cierto pesimismo con la implementación…
M.A.: Tal vez no será una implementación perfecta, pero en Colombia hay una sociedad civil fuerte y las instituciones por lo menos en las zonas urbanas funcionan bien. Por lo demás, las Farc están en las zonas veredales y están dejando las armas. Han dicho que no las volverán a tomar.

SEMANA: Uno de los temas más preocupantes es el asesinato de líderes.
M.A.: Es muy preocupante y nosotros nos sentimos un poco impotentes frente a eso. Estamos trabajando con la Defensoría del Pueblo, la Oficina de Derechos Humanos y la Unidad de Protección en un esfuerzo para que esto pare. Pero es muy difícil. Creo que la Comisión de Garantías que se creó como parte del acuerdo de paz tiene que trabajar en saber lo que está pasando.

SEMANA: ¿Qué tan lejos ve la reconciliación en Colombia, dado el clima tan pugnaz que hay?
M.A.: Ustedes van a salir de esto y no en mucho tiempo. Algo que me alegra es que muchos jóvenes no se sienten parte de este conflicto. Los que tienen menos de 30 años viven en otra realidad. No quieren ir a la guerra a matar a sus compatriotas.
Puede ver: ¿Por qué se disparó el desplazamiento en Colombia en época de postconflicto?

SEMANA: ¿Ve irreversible el proceso?
M.A.: En las zonas donde hubo conflicto, y he viajado por todo el país, no he escuchado a nadie contra la paz. En las zonas urbanas, sí. Pero la gente que realmente ha vivido la guerra no quiere que vuelva.

SEMANA: ¿Cuál es la apuesta de Suecia para el posconflicto en Colombia?
M.A.: Nuestro gobierno ha decidido mantener otros cinco años la cooperación con Colombia, apostando por una paz duradera, por la sostenibilidad y por el proceso del país en la Ocde. Damos apoyo técnico para que se realicen las reformas institucionales profundas que pide la Ocde.

“No sueñen: el consumismo no desaparecerá”: Gilles Lipovetsky

lipovestky

SEMANA habló con Gilles Lipovetsky, el filósofo del individualismo, de la soledad y del consumismo. Sus sentencias son contundentes.

Tiene 72 años y es uno de los filósofos y pensadores franceses más importantes de la actualidad. Desde sus primeros libros, publicados en los años ochenta, el francés Gilles Lipovetsky se ha interesado en los temas que aquejan a la sociedad moderna y a la cultura occidental. De eso precisamente habla en sus nuevos libros (De la ligereza, La estetización del mundo y El Occidente globalizado) y en entrevista con SEMANA.

SEMANA: Uno de sus temas de reflexión es la soledad. Y usted cree que esta cada vez se acentuará más. ¿Qué pasará entonces con el concepto de familia y sociedad?
GILLES LIPOVETSKY: Las ciudades de hoy están marcadas por costumbres individualistas, que conducen a un sentimiento de soledad creciente. Los divorcios se volvieron frecuentes en los países desarrollados, y en ciudades como París o Nueva York uno de cada dos hogares es unipersonal. Y surgen fenómenos, muy notorios en Francia, como la multiplicación de mascotas, que compensan un poco el sentimiento de soledad. Para mí esta no es una situación transitoria: la individualización de la cultura y de los comportamientos hacen que la soledad esté condenada a desarrollarse mucho más en el futuro. Sin duda, es uno de los dramas del mundo actual.

SEMANA: Esto significa que cambiarán las relaciones, ¿estas hacia dónde van?
G.L.: Cada vez serán más efímeras, las tradiciones y la religión poco ayudan a orientar los vínculos. Antes hacían que la gente tuviera un determinado modo de vida; la existencia individual era comunitaria. Pero desde el momento en que no hay una pertenencia comunitaria obligatoria, inevitablemente los individuos se separan.
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SEMANA: Pero usted dice que hoy es más fácil conocer gente…
G.L.: Sí, hoy se conocen más personas, más que en cualquier momento de la historia, pero están ligadas menos tiempo. Se tienen nexos en el trabajo, en la familia, en asociaciones, pero los individuos se sienten solos. Antes las uniones entre hombres y mujeres, por ejemplo, se basaban en modos de vida similares, las expectativas no eran altas y vivían juntos porque estaban obligados. No había otra manera. Hoy los individuos buscan la felicidad y se separan si no la encuentran.

SEMANA: ¿Algunos creen que por esto hoy son más fuertes, por ejemplo, el feminismo o la comunidad LGBTI?
G.L.: Hay asociaciones que no se explican solamente por la soledad. El feminismo, por ejemplo, lucha por las desigualdades entre hombres y mujeres, y contra la violencia. Hay otros grupos, como ocurre en Francia, que luchan contra la misma soledad: las personas cuando se sienten mal, deprimidas, acuden a ellos. En esta sociedad contemporánea e hipermoderna, los LGBTI ya tienen lugares de encuentro, antes estaban aislados. Sí, esta es una señal de una posibilidad de una soledad menor.

SEMANA: ¿Y por qué internet no ayuda?
G.L.: Con internet se conoce gente. Sin embargo, investigaciones demuestran que en algún momento surge una gran decepción. La paradoja es que pese a la red y a los teléfonos inteligentes, no disminuye el sentimiento de soledad y de frustración. Nada supera a la realidad.
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SEMANA: Se creería que las redes sociales son un paliativo contra la soledad…
G.L.: Venden la imagen de ser un escape a la soledad. Sin embargo, en Facebook puedes tener cientos de amigos, pero a esos amigos se les ve poco o a veces ni siquiera se les conoce. Las redes sociales no podrán combatir la soledad que se avecina en el mundo. Tal vez ofrezcan la posibilidad de estar solos menos tiempo. Apenas serán una herramienta.

SEMANA: ¿Y en todo este contexto qué pasa con los hijos, con los niños?
G.L.: Desde los años sesenta en las sociedades contemporáneas hubo una gran revolución que cambió el comportamiento de los padres frente a sus hijos. La idea es que hoy crían niños para que sean felices, sus padres buscan satisfacerlos. Pero esta revolución educativa tiene, según psiquiatras y psicoanalistas, un gran número de niños hiperactivos que no soportan la realidad, no toleran la frustración. No vamos por buen camino. No pido volver a la educación autoritaria, pero el niño ‘rey’, el que hace lo que quiere, es un problema muy serio para la evolución.

SEMANA: Hablando de futuro, ¿qué efectos podrá tener la frivolidad (tema que usted estudia) en la política y en la sociedad?
G.L.: La frivolidad del consumismo tiene cosas positivas: nos permite viajar, tener muchas distracciones, conocer placeres renovados. ¿A quién no le gusta eso? Pero la frivolidad debe tener límites. Paralelamente, habría que reforzar el sistema escolar, una educación que les dé a las personas más horizontes. El hombre no es solamente un consumidor y por eso debe ser capaz de inventar, de crear, de hacer un trabajo inteligente, de amar el arte. El consumismo no desaparecerá, no sueñen que ocurrirá, pero debemos fijarle límites y no límites autoritarios, sino proponiendo otras cosas y esas cosas son la cultura, la formación y la escolarización.

SEMANA: ¿Y en la política?
G.L.: Hoy estamos en democracias más estables, donde hay menos violencia colectiva, donde no se legitima el uso de la fuerza o un golpe de Estado. La idea de revolución ha desaparecido prácticamente y estamos en sociedades democráticas donde las costumbres se pacificaron. Yo no hablaría de frivolidad en la política, pero sí de políticas de seducción. Los políticos intentan conquistar a través de su imagen con promesas electorales, pero hoy vemos, como nunca, que no seducen a la gente. Cada vez hay más sospechas y rechazo hacia una clase política que horroriza al electorado. Y tiene mucho que ver su falta de coraje, de compromiso y de orientación.

SEMANA: ¿Y qué pasó con el debate socialismo versus capitalismo?
G.L.: Se acabó. En Europa todos los partidos socialistas están en decadencia. El nuevo debate hoy es entre progresistas que quieren cambiar al mundo y populistas que están contra la globalización. En el futuro los conflictos serán entre las personas que quieren el cambio y las que no. A pesar de todo es necesario para la democracia que haya alternancia. En el caso francés tenemos un fenómeno nuevo: un presidente (Emmanuel Macron) que logró superar la contienda entre izquierda y derecha, pero debe ser por un periodo corto porque una democracia necesita cambios. Si no hay oposición parlamentaria, en términos de gobernabilidad, habrá entonces movimientos de oposición de la sociedad en las calles, lo que no es un buen síntoma.

SEMANA: ¿Qué viene entonces?
G.L.: No creo a futuro en democracias pacificadas, donde no haya oposición o donde habrá solo un punto de vista. Al contrario de lo que pensaba Herbert Marcuse en los años sesenta, no estamos en la sociedad unidimensional, pues ahora hay numerosas fracturas y no solamente económicas. Hoy los ciudadanos no se ponen de acuerdo sobre el matrimonio gay, la pena de muerte, la política sobre la inmigración o la política sobre las drogas. Hay debates de sociedad que estarán muy activos y muy vivos en el mundo que vendrá. No estamos yendo hacia una sociedad uniforme.

SEMANA: ¿Por qué la moda marca de esa manera el devenir de la sociedad?
G.L.: La humanidad vivió mucho tiempo sin moda, pero el capitalismo de consumo la avivó y amplió su concepto. Antes solo se veía en la cultura y en la ropa, pero hoy la moda está en todas partes: en los smartphones, en los carros, en los deportes, en el turismo, o sea, hay una renovación permanente de los modelos. No creo que la veamos retroceder porque al hombre contemporáneo le gusta la novedad. Sucede que antes vivíamos en sociedades tradicionales donde los hombres podían vivir sin moda, no era una aspiración, pero cuando las tradiciones dejaron de gobernar la vida cotidiana, hombres y mujeres buscaron tener cosas nuevas.

SEMANA: Y los medios son su gran propulsor...
G.L.: Los medios son el eco de la moda. Los medios de masas y la publicidad fomentan la lógica de la moda, la renuevan rápida y sistemáticamente. La televisión, por ejemplo, no puede proponer todo el tiempo los mismos programas, las mismas películas, los mismos juegos. Hoy en día hay un apetito de novedad que no está solamente en los objetos, sino también en los programas, especialmente los que son difundidos por los medios como radio, televisión o cine. Estamos en una sociedad de renovación permanente.

SEMANA: ¿Es posible una sociedad que no sea consumista?
G.L.: Sí, las sociedades de miseria. En algunos países de África millones y millones de personas viven con dos dólares en promedio por día, ahí la lógica de la moda no gana ni gobierna. Reina la lógica de la supervivencia. Hoy no podemos tener una economía dinámica y de crecimiento que no esté centrada en el consumismo. Y este es inseparable de la moda.

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