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VIGILADA MINEDUCACIÓN
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“Mucho gusto, mi nombre es Walter Bernett”

Miércoles, 10 Mayo 2017 09:59
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Claudia Conde Claudia Conde Walter Bernett, en los estudios de Uniautónoma, durante una de las emisiones de su programa radial.

A los 60 años, ‘el gran Walter’, dijo adiós para siempre.

Por Anuar Saad

Corría el año de 1985. Iba a cursar octavo semestre de Comunicación Social – Periodismo en la Universidad Autónoma del Caribe y, a sabiendas que me faltaba poco tiempo para ser egresado, ya sentía nostalgia de la Universidad.

Arrancamos ese semestre con un cambio que llamó la atención a muchos: en nuestra asignatura de Taller de Radio no estaba, como era habitual, la figura descomplicada de Carlos Ramos Maldonado, sino la de otro profesor que parecía su antítesis: perfectamente peinado; vestido con camisas de holán de hilo y pantalones de lino; zapatos milimétricamente lustrados; de andar pausado y con una voz que podía encantar hasta a una serpiente.

Se presentó como quien presenta una gala en el mejor teatro del mundo, sosteniendo sus gafas grandes y cuadradas que me evocaron no sé por qué a Héctor Lavoe:

-Mucho gusto: mi nombre es Walter Bernett- dijo. –Seré su nuevo profesor de Radio- remató.

Para ese entonces Walter era, además, el flamante Director de RCU, Radio Cultural Uniautónoma, y una de las más cotizadas voces no solo de Barranquilla, sino de todo el caribe colombiano. Fue un aventajado estudiante que, en poco tiempo, no solo ejercía la docencia y la dirección de la emisora sino que, años después, se movía como pez en el agua en el mundo de las grandes casas discográficas donde tuvo una relevancia internacional.

Pero no era su voz única –esa misma a la que emisoras, empresas y mujeres perseguían—ni su polivalencia en distintos roles (académico, periodismo y promotor musical) la que hizo a Walter Bernett Iguarán uno de los seres más especiales que haya conocido en la vida. No fue por su especial y cálida manera con que enseñaba; ni esa relación profesor–estudiante que parecía extraída de una película; ni su oído único para saber que nueva estrella tendría futuro o su talento como director de emisoras, lo que lo volvió inmortal. La verdadera causa por la que el twitter repicara a millón, colapsara el Facebook y se multiplicaran las cadenas de oración en torno a su nombre en el momento trágico en que cayó enfermo, es simplemente él: lo que encerraba el alma de un hombre noble y bueno, amigo de sus amigos; entregado a sus estudiantes y dueño de un estilo, gusto y clase exquisitos.

Con él se podía hablar por horas mientras degustábamos una copa de vino con los mejores quesos sobre lo humano y lo divino. Aunque no era de muchas palabras, sus sentencias emitidas con la resonancia icónica de su voz, por lo general eran acertadas y contundentes. Jamás le perdió la pista a uno de sus egresados. Sabía dónde estaban y qué hacían sus estudiantes más avezados y se henchía de orgullo por ellos.

Durante más de una semana los pasillos, oficinas y salones del Programa de Comunicación Social – Periodismo de la Universidad Autónoma del Caribe carecieron de su alegría habitual. Es por eso que, entre un tinto y otro, la pregunta en la boca de todos era “… ¿cómo sigue Walter?”.

Las llamadas nocturnas del Rector Ramsés Vargas ya no eran para dar una nueva directriz, sino para saber cómo evolucionaba su amigo de años, el gran Walter Bernett, que hoy ha dejado entre nosotros un vacío insondable.
Los pasillos de la Facultad extrañan por siempre su exquisito perfume. Los micrófonos están “apagados” de nostalgia por no tener esa voz que recorra sus circuitos.

Los estudiantes a los que tuvo la fortuna de tocar con su sabiduría, llevarán por siempre su marca indeleble. Y nosotros, ese pequeño grupo que tuvo la suerte de ser su alumno, colega y compañero de trabajo, trataremos de no recordar estos últimos días tristes, sino los más de treinta años de nuestras vidas en los que gozamos de su amistad y cariño.

Muy de seguro hoy, allá en el cielo, en frente del Gran Padre, estará diciendo con esa cara de niño bueno que siempre tuvo y con ese donaire que solo los verdaderos caballeros pueden llegar a tener:

-Padre, mucho gusto: mi nombre es Walter Bernett…

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