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MOTIVACIÓN, EMOCIÓN, TALENTO E INTELIGENCIA: Blog del Rector


Motivación, emoción, talento e inteligencia

Lunes, 31 May 2021 16:38
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Mauricio Molinares, Rector UniAutonoma

Mauricio Molinares Cañavera

Rector

@maumolinares 

 

 

“Es una enorme desgracia no tener talento para hablar bien, ni la sabiduría necesaria para cerrar la boca.” Jean de la Bruyere.

 

El pasado domingo 30 de mayo, el ciclista colombiano Egan Arley Bernal siguió escribiendo su nombre en la historia del ciclismo mundial: se coronó campeón del Giro de Italia 2021 y es el segundo campeón para Colombia después de Nairo Quintana en 2014. Egan es el presente del ciclismo mundial y ha logrado una de las hazañas más importantes de la historia del deporte colombiano. Bernal nos ha dado la alegría y sana emoción de colocarnos por un instante como nación, a alegrarnos en pos de nuestros colores y de sentir la satisfacción y gozo por el triunfo de un coterráneo.

 

Como Egan, hay personajes cuya construcción les antecede y esto puede ser para bien o para mal. Algo así como el posicionamiento que hemos desarrollado en las mentes de las personas que nos conocen y que con solo escuchar nuestro nombre pueden asociarnos a una rápida característica, fruto de lo que hemos construido con nuestro talento, en los ámbitos en los que nos desenvolvemos.

 

Hay nombres que su sola mención nos hacen recordar y hacer remembranzas de las circunstancias y hechos que evidenciaron su proceso de construcción. Nuestras abuelas, sabias mujeres, nos edificaron y levantaron con muchos dichos. “Cría fama y acuéstate a dormir” por ejemplo.

Por ello pienso en el ejemplo de Egan, del buen momento profesional que está viviendo, y de cómo, poco a poco, su nombre se posiciona en nuestros cerebros con tópicos relacionados a la disciplina, pasión, carácter y superación. Por eso quise hacer una segunda entrega del blog anterior, pero esta vez haciendo una observación de cómo el talento pudiera estar determinado por las emociones y las motivaciones.

Amén del triunfo de Egan, y revisar su carrera profesional, tuve la rara sensación de ponerme a pensar en mi familia. Al ver cómo su madre y sus familiares festejaban, cómo su novia lo recibía con un beso en la meta, me llevó a pensar en el cúmulo de emociones que despertamos en nuestro núcleo cercano como es la familia y en nuestro segundo núcleo cercano constituido por los amigos, vecinos y compañeros de trabajo. De igual manera, me inquieta conocer o analizar el conglomerado de imágenes o emociones que puedan cruzarse en la mente de este gigante en el clímax de la competencia.

Definitivamente las emociones y las motivaciones juegan un papel determinante en la toma de las decisiones, y en las reacciones que desplegamos en virtud de los estímulos. Por mi profesión de abogado, y por los cargos que he ostentado, me he visto en múltiples ocasiones inmerso en circunstancias que requieren una reacción o respuesta, y que la misma pudiera venir determinada por estímulos que no provienen precisamente de una mente que pretenda un sano proceso de construcción, antes bien, de destrucción.

Liderar el hogar, trabajar, ser buen esposo, buen padre, buen hijo, buen amigo, buen jefe, buen compañero de trabajo, buen trabajador, buen ciudadano, buen formador, docente, o capacitador, implica toda una serie de reacciones que respondan a estímulos externos, y que requiere de sano juicio y criterio para poder desempeñar cada uno de estos roles impactando positivamente nuestro entorno, siempre con valores como la verdad, pulcritud, decencia, buen gobierno, justa administración, entre otros.

Con un amigo con quien se dialoga largamente mientras tomamos un delicioso café orgánico de la Sierra Nevada en horas de la madrugada, coincidimos en qué razón tenía el finado cantante Kaleth Morales cuando dijo que: “vivía en el limbo a causa de un amor”.

En el sistema límbico del cerebro radica el mundo de las emociones y los estímulos de los individuos. La teoría médica enseña que, en tres masas en forma de almendra, son donde el raciocinio se ausenta en la toma de las decisiones. En el hipotálamo, el hipocampo y en la amígdala cerebral se conciben la ira o la felicidad, el miedo o el arrojo, el dolor o el placer, el calor o el frío. Es dable catalogar al área límbica como el termostato que define nuestra versión más animal.

Por eso, la invitación es a no responder con las emociones de manera inmediata. Requerimos tomar decisiones justas y lo suficientemente razonadas, tramitadas en la corteza frontal del cerebro para coordinar y garantizar el funcionamiento organizado de los procesos.

Auscultemos con calma los pros, los contras y lo equilibrado. Ganar, perder y empatar es válido en el mundo de la razón. Pero cualquiera buena decisión, estará precedida del tiempo, la experiencia y el precedente, factores que aportan mayor discernimiento y un toque de equilibrio previo al paso a dar, ya sea materializado en una decisión, una palabra, una acción física o procedimental.

Lo anterior envuelve una serie de construcciones que implica y denotan los procesos formativos que pueden evidenciarse en el ser humano. Ahí entran entonces los valores, los principios, la educación provista en casa, toda una serie de previas construcciones sociales que precisamente permiten conocer el capital y el sustento axiológico y formativo del ser humano.

En esto considero entonces vital indicar que nuestras capacidades pueden ser moldeadas por eficientes procesos formativos de educación en lo técnico, axiológico y cultural y que todo este cúmulo de saberes forman nuestro talento. Pero nuestro talento puede muchas veces verse limitado por emociones negativas y verse reducido. Por ejemplo, el miedo o el temor pueden determinar y reducir mi talento. Pero si he desarrollado buenos procesos de construcción de valores y sanas emociones, yo puedo convertir ese temor en arrojo, en valor y fuerza para actuar. De esto pueden darnos cátedra los deportistas, verbo y gracia, Egan.

Esto último explica por qué muchas veces hay deportistas que en el entrenamiento tienen muy buen desempeño, sin embargo, al momento de actuar en la cancha, con el estadio lleno, jugando de local o visitante, perdiendo el partido, pueden volverse un manojo de nervios y actuar de una manera pifia. Esto aplica a todos los escenarios que impliquen desarrollo en la toma de decisiones, actuaciones, reacciones y acciones.

Por eso aplaudo a Egan. Creo que a su edad temprana está dándonos cátedra de talento, determinado por buenas y justas emociones y motivaciones. Mi llamado a todos los estudiantes, profesores y amigos que leen estas humildes líneas es que podemos mostrar valor y templanza en acciones y reacciones determinadas por el talento, que evidencien los valores y procesos formativos que hemos construido a lo largo de nuestra existencia. Esto hablará bien de los ámbitos por los que hemos pasado en nuestra formación. Familia, colegios, universidades, amigos. Construyamos en nuestros jóvenes y niños, procesos de talento, motivación, y buenas emociones. Esto lo requiere nuestra Nación.

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